IoSonoValeria

diciembre 30, 2010

Y nos vamos pá Madrid…

Archivado en: Buenos días — valeriatittarelli @ 1:17 pm

       sin remordimientos, jejejje. ¡Y encima con la misma compañía de hace más de un año! http://valeriatittarelli.wordpress.com/2009/03/11/nos-vamos-pa-madrid/

No dejeís de ver las campanadas desde la Puerta del Sol, que Carmen Córdoba y yo vamos a estar allí apretujadas tomándonos las uvas y deseándoos Feliz Año Nuevo :) .  Seguro que nos veís, somos tan, tan altas ambas dos, jajjaja.

Eso sí, pido y suplico que no me encuentre en el metro a un “primo” como el que describe Jesús Esnaola en su micro:

http://frankensteinsupongo.blogspot.com/

Y ya puestos, espero que la obra de teatro que vamos  a ver ( ”El Cavernícola” de Nancho Novo)  no se parezca en nada a la descrita en las primeras líneas del relato de Tino Pertierra, “Niebla y Silencio”:

Juan: «Recuerdo muy bien la primera noche que pasé con ella. Fuimos al teatro, una obra experimental en un local de mala suerte que olía a humedad y desinfectante perfumado. Me encanta, dijo ella inspirando profundamente, me recuerda los cines de mi infancia. Así que acerté con mi elección, que tenía más de trampa que de casualidad pues en mi ánimo estaba impresionarla haciéndola creer que mis gustos estaban adobados por cierta exquisitez en el trato con las bellas artes. Enseñando a Vlady, se titulaba la obra. No estoy acostumbrada a ir al teatro, confesó ella en el descanso de la extenuante, pedante y destartalada función, cuando de los 15 espectadores iniciales sólo quedábamos nosotros y una señora que roncaba tres filas detrás. Le propuse unirnos a la fuga pero ella se opuso: ¿cómo vamos a dejar solos a esos pobres actores?, preguntó con auténtica compasión. No están solos, dije, y le señalé a la señora dormida. Es cierto, dijo con una sonrisa que delataba que sus ganas de abandonar esas butacas de  tortura eran mayores que sus reservas de solidaridad con la farándula.

Salimos a la calle. Niebla y silencio. Le conté mi vida con pelos y señales salvo mi etapa como hombre de compañía de mujeres infelizmente casadas o felizmente divorciadas. Supuse que ese dato la asustaría. O tal vez no, tal vez, acostumbrada a convivir con el dinosaurio de su marido (esto lo imaginé yo, ella nunca habló de él) le hubiera sido muy sugerente dejarse camelar por un tipo especializado en rescatar de la prehistoria a mujer con la piel aún sin explorar a fondo. Fuimos a un tugurio donde un grupo salvaje de jazz se había tomado un descanso salvo el batería, que nos obsequió con un solo melancólico y furioso sin prestarnos atención. De nuevo, solos como espectadores salvo un barman que rellenaba sudokus con cara de buenos enemigos. Al segundo gintonic, la besé. Al tercero, me besó. Al cuarto, nos besamos».

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Bueno… queridos y queridas, mi deseo para todos vosotros es que vuestros sueños se hagan realidad. Mucha salud, mucho amor y una mijilla más de dinerito, jejeje.

¡Nos leemos el año que viene!

Miles de besos, Valeria.

http://www.youtube.com/watch?v=nCo2nFZNxgA

diciembre 28, 2010

Inocente, inocente…

Archivado en: Actividades de nuestros amigos,Buenos días — valeriatittarelli @ 11:13 am

       ¡Muy buenos días!

Ayyy, qué poquito queda para terminar este 2010… ¿tiempo de hacer balance? Quizá, quizá.

Personalmente, creo que ha sido un buen año. Me he divertido, he viajado, he escrito, he leído, he vivido y he amado. He abierto un negocio y ahí estamos, luchando por sobrevivir. Mis hijas crecen, son felices, sanas.  Tengo amigas maravillosas que me aprecian, quieren y arropan. Y cada día se suman más amistades a ese carro. Creo que es una señal inequívoca de que no lo estoy haciendo del todo mal. Y eso es lo que importa. Que al acostarte cada noche, puedas descansar tranquilo; que no hayas causado daño gratuito a nadie de tu alrededor. Dicho lo dicho, el balance es positivo y sí, ha sido un buen año. Sólo me queda pedirle al 2011, que sea una mijitilla mejor, pero sin abusar.  

Ahora mando un fuerte abrazo a una de esas amigas. Un ángel en la distancia que está pasando por el peor momento de su vida. Que el 2011 te traiga mucha, mucha, muchísima  serenidad y fuerza para superar la tragedia. De todo corazón, Valeria.

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Nos vamos ya con las letras.

          Número para nada inocente de la revista “Al otro lado del Espejo”:

AL OTRO LADO DEL ESPEJO:  Especial Erótico
Año 2. Especial Erótico. 84.págs.
Revista multidisciplinar y estacional
orientada al cuento y la ilustración.

Queridos amigos de lo breve:
Estamos de nuevo aquí, ofreciendo la ración de cuento necesaria para seguir soñando. Esta vez, serán zonas erógenas (no solo del cerebro) las que busquen nuestros autores invitados a participar en este número especial.
Cuentos con suspiros ahogados, de lencería transparente, explícitos; manuales, sonoros; cachondos, burros, maniqueos; mordaces, románticos; para amantes del dolor, para mirones, para fetichistas. Cuentos en el límite, sobre la hoja afilada de acero que separa lo que se muestra de lo que se aparenta mostrar.
http://issuu.com/alotroladodelespejo/docs/especialerotico
 

NOS CUENTAN:
Donatien Alphonse François [MARQUÉS DE SADE]
+
Ana Patricia Moya + Ángel Olgoso + Antonio Bordón + Carlos Salem + Cristina García Morales + Esteban Gutiérrez Gómez + Javier Serrano + José Naveiras + Lucía Fraga + Luís Morales + Luisa Fernández + Mª Jesús Silva + Marisol Torres + Miguel A. Martín + Mónica Sánchez + Noelia Herrero + Patricia Monge + Pepe Pereza + Rafael José Díaz + Silvina Luz + Susana Obrero + Sylvia Ortega.

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Nueva gira del escritor terrorífico (en todas sus acepciones, jejejej), Julián Sánchez Caramazana:

NOTA DE PRENSA
UNA NUEVA ANTOLOGÍA DE MICRORRELATOS DE TERROR DE NOCTE-INICIO DE LA GIRA 2011 EN PALMA DE MALLORCA

 A  los éxitos del escritor Julián Sánchez Caramazana, durante 2010 tanto en género fantástico, ensayo sociomusical, libros, entologías, eventos con Nocte- Asociación Española de Escritores de Terror-, giras, ferias del disco y del libro, actividades, firmas, charlas y actividades.de los que se ha informado puntualmente, se suma una nueva etapa en microrrelatos.
Por segunda vez consecutiva, seleccionados por el antologista y responsables de la editorial, dos microrrelatos de terror del autor junto a otros escritores conforman  la nueva antología titulada Aguinaldo Sangriento de descarga gratuita, de NOCTE, la Asociación Española de Escritores de Terror, con la editorial canaria 23 Escalones.
A esto se suma el inicio de la gira del autor en 2011 firmando ejemplares de su último ensayo sociomusical Detalles de la actual escena musical independiente y alternativa en España-presentado a su vez en la pasada Feria internacional del Disco de Palma de Mallorca, en la Internacional de Barcelona, en la feria del disco de Zaragoza, en la gira en Santander y Reinosa con motivo del 15ª aniversario de la revista La Factoría del Ritmo (de la que es redactor), en el Colegio de Periodistas de Catalunya, la librería Outsider, etc, etc-, así como del resto de su obra -tras las presentaciones en FNAC DIAGONAL y Gigamesh del libro Diario de un zombi, de Sergi Llauger en julio, y la charla con otros escritores de NOCTE, en el festival internacional de cine de terror de Sitges, en octubre-, en Palma de Mallorca en una tienda musical especializada en vinilos (Punk, garage, Psicodelia,Jazz, Funk, Soul,Blus, Rock and Roll) de la que os informamos del día, horario y ubicación:
MAIS DISCOS
Martes, 4 de enero de 2011
 10.30 H a 14 H
 16:30 H a 20 H
Pasaje Antonio Torrandell, Bajos 2 Local 14
Palma de Mallorca

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A un click, Víctor Lorenzo Cinca demostrándonos que a veces resultaría mucho mejor quedarse en la ignorancia:  http://realidadesparalelos.blogspot.com/ 

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     A otro, estupenda entrevista al escritor Rául Ariza, colgada en el blog de la Sala Cultural Nueva Gala, con ocasión de la presentación de su “Elefantiasis“:

http://scnuevagala.blogspot.com/2010/11/reservado-2.html

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Sed felices, querid@s. Aprovechad estos últimos días del año para vivir intensamente, para emocionaros, para amar.

Miles de besos, Valeria.

http://www.youtube.com/watch?v=su9u_OxIU10

diciembre 23, 2010

¡¡ FELIZ NAVIDAD !!

Archivado en: Actividades de nuestros amigos,Buenos días,Canciones para el recuerdo — valeriatittarelli @ 11:08 am

       Queridos, queridas…

El Club de lectura Pasapágina, la revista En Sentido Figurado  y yo misma os deseamos unas estupendas Navidades. Que la magia de estas fechas nos envuelva; que podamos regresar a la ilusión de la infancia, que lo regular se vuelva bueno y lo bueno aún mejor.

   

¿Y qué es una Navidad sin esta cancioncilla? http://www.youtube.com/watch?v=F1zWafQF1hc

¿Y cómo sería posible una Navidad sin su cuento correspondiente?

CUENTO DE NAVIDAD (Vladimir Nabokov)

 Se hizo el silencio. La luz de la lámpara iluminaba despiadadamente el rostro mofletudo del joven Anton Golïy, vestido con la tradicional blusa rusa campesina abotonada a un lado bajo su chaqueta negra, quien, nervioso y sin mirar a nadie, se disponía a recoger del suelo las páginas de su manuscrito que había desperdigado aquí y allá mientras leía. Su mentor, el crítico de Realidad Roja, miraba el suelo mientras se palpaba los bolsillos buscando una cerilla. También el escritor Novodvortsev guardaba silencio, pero el suyo era un silencio distinto, venerable. Con sus quevedos prominentes, su frente excepcionalmente grande y dos mechones ralos colocados de través sobre la calva tratando de ocultarla, estaba sentado con los ojos cerrados como si todavía siguiera escuchando, con las piernas cruzadas sobre una mano embutida entre la rodilla y una de las lorzas de su muslo. No era la primera vez que se veía sometido a este tipo de sesiones con sedicentes novelistas rústicos, ansiosos y tristes. Y tampoco era la primera vez que había detectado en sus inmaduras narrativas, ecos -que habían pasado inadvertidos para los críticos- de sus veinticinco años de escritura, porque la historia de Golïy era un torpe refrito de uno de sus propios temas, el de El Filo, una novela corta que había compuesto lleno de esperanza y de entusiasmo, y cuya publicación el pasado año no había logrado en absoluto acrecentar su segura aunque pálida reputación. 

El crítico encendió un cigarrillo. Golïy, sin alzar la vista, guardó el manuscrito en su cartera. Pero su anfitrión se mantenía en silencio, no porque no supiera cómo enjuiciar el relato, sino porque esperaba, dócil y también aburrido, que el crítico finalmente se decidiera a pronunciar las frases que él, Novodvortsev, no se atrevía ni siquiera a insinuar: que el argumento era un tema de Novodvortsev, que también procedía de Novodvortsev la imagen aquella del personaje principal, un tipo taciturno, dedicado en cuerpo y alma a su padre, un hombre trabajador, que logra una victoria psicológica sobre su adversario, el despreciable intelectual, no tanto en razón de su educación, sino gracias a una especie de serena fuerza interior. Pero el crítico encorvado en el sillón de cuero como un gran pájaro melancólico se empecinaba desesperadamente en su silencio.

 Cuando Novodvortsev se dio cuenta de que una vez más no iba a oír las palabras esperadas, mientras trataba de concentrar su pensamiento en el hecho de que, después de todo, el aspirante a escritor había ido hasta él, y no hasta Neverov, para solicitar su opinión, cambió de postura, volvió a cruzar las piernas metiendo la mano entre las mismas, y dijo con toda seriedad: “Veamos”, pero al observar la vena que se hinchaba en la frente de Golïy, cambió de tono y siguió hablando con voz tranquila y controlada. Dijo que la historia estaba sólidamente construida, que el poder de lo colectivo se advertía en el episodio en el que los campesinos empiezan a construir una escuela con sus propios medios; que, en la descripción del amor que Pyotr siente por Anyuta, había ciertas imperfecciones de estilo que no lograban acallar sin embargo el reclamo poderoso de la primavera y la urgencia del deseo y, mientras hablaba, no dejaba de recordar por alguna razón que había escrito a aquel crítico recientemente, para recordarle que su vigésimo quinto aniversario como escritor era en enero, pero que le rogaba categóricamente que no se organizara ninguna conmemoración, teniendo en cuenta que sus años de dedicación al sindicato todavía no habían acabado…

El crítico seguía sin decir nada. Era un hombre pelirrojo, enjuto y decrépito, del que se decía que estaba tuberculoso, pero que probablemente era más fuerte que un toro. Le había contestado, también por carta, que aprobaba la decisión de Novodvortsev, y allí se había acabado el asunto. Debía de haber traído a Golïy como compensación secreta… Novodvortsev se sintió de improviso tan triste -no herido, sólo triste- que dejó de hablar de pronto y empezó a limpiar las gafas con el pañuelo, dejando al descubierto unos ojos muy bondadosos.

El crítico se puso en pie.

- ¿Adónde vas? Todavía es temprano -dijo Novodvorstsev, levantándose a su vez. Anton Goïly se aclaró la garganta y apretó su cartera contra el costado.

- Será un escritor, no hay duda alguna -dijo el crítico con indiferencia, vagando por el cuarto y apuñalando el aire con su cigarrillo ya acabado. Canturreaba entre dientes, con cierto tono de asperidad, se inclinó sobre la mesa de trabajo y luego se quedó un rato mirando una estantería donde una edición respetable de Das Kapital ocupaba su lugar entre un volumen gastado de Leonid Andreyev y un tomo anónimo sin encuadernar; finalmente, con el mismo paso cansino, se acercó a la ventana y abrió la cortina azul.

- Venga a verme alguna vez -decía mientras tanto Novodvortsev a Anton Golïy, que primero se inclinó a saludarle con torpeza para después erguirse como con altanería-. Cuando escriba algo nuevo, tráigamelo.

- Una buena nevada -dijo el crítico, dejando caer la cortina-. Por cierto, hoy es Nochebuena.

Y se puso a buscar distraído su sombrero y su abrigo.

- En los viejos tiempos, al llegar estas fechas tú y tus colegas hubierais estado produciendo a marchas forzadas manuscritos navideños…

- Yo no -dijo Novodvortsev.

El crítico se rió entre dientes.

- Es una lástima. Deberías escribir un cuento de Navidad. En el nuevo estilo.

Anton Golïy tosió en su pañuelo.

- En otro tiempo lo hicimos… -empezó con voz ronca, gutural, pero luego carraspeó.

- Lo digo en serio -siguió el crítico, embutiéndose en el abrigo-. Se puede inventar algo inteligente… Gracias, pero ya son…

- En otro tiempo -dijo Anton Golïy-. Lo hicimos. Un maestro. Un maestro que… Se le metió en la cabeza hacer un árbol de Navidad para los niños. En la cima. Colocó una estrella roja.

- No, eso no sirve -dijo el crítico-. Es más bien severo para un cuento. Tienes que darle un perfil más sutil. La lucha entre dos mundos diferentes. Todo ello contra un fondo nevado.

- Hay que tener cuidado con los símbolos, en términos generales -dijo sombrío Novodvortsev-. Tengo un vecino, un hombre muy recto, miembro del partido, militante activo, y sin embargo utiliza expresiones como “el Gólgota del Proletariado”…

Cuando sus huéspedes se hubieron ido se sentó en su mesa y apoyó la cabeza en su gran mano blanca. Junto al tintero había algo que parecía un vaso sencillo y cuadrado con tres plumas hincadas en una especie de caviar de bolas azules. El objeto tenía unos diez o quince años: había sobrevivido todos los tumultos, mundos enteros habían caído despedazados en torno de él, pero ni una de aquellas bolas de cristal se había roto. Eligió una pluma, dispuso una hoja de papel convenientemente, metió unas cuantas hojas más debajo de la primera para escribir sobre una superficie más blanda…

- ¿Pero sobre qué? -dijo Novodvortsev en voz alta, y a continuación con el muslo hizo a un lado la silla y se puso a caminar por la habitación. En su oído izquierdo sentía un zumbido insoportable.

El canalla aquel lo dijo con toda la intención, pensó, y como si quisiera seguir los pasos del crítico fue hasta la ventana.

Tiene la pretensión de aconsejarme y de avisarme… Y ese tono de mofa… Probablemente piensa que ya he perdido toda originalidad… Pues haré un cuento de Navidad… Y entonces, él escribirá: “Estaba yo en su casa una noche y, entre una cosa y otra, se me ocurrió sugerirle: Dmitri Dmitrievich, deberías describir la lucha entre el viejo y el nuevo orden en el entorno de un nevado cuento de Navidad. Podrías llevar hasta sus últimas consecuencias el tema que apuntabas de forma tan extraordinaria en El Filo, ¿recuerdas el sueño de Tumanov? Ese es el tema al que me refiero … Y precisamente aquella noche nació la obra que …”

La ventana daba a un patio. No se veía la luna… No, pensándolo bien, sí que hay una especie de brillo que sale de detrás de aquella chimenea. La leña estaba apilada en el patio, cubierta con una alfombra reluciente de nieve. En una ventana resplandecía la cúpula verde de una lámpara, alguien trabajaba en su mesa, y el ábaco relucía como si sus cuentas estuvieran hechas de cristal de colores. De repente, en el más absoluto silencio, unos copos de nieve cayeron del alero del tejado. Luego, de nuevo, un torpor absoluto.

Sintió el cosquilleo de vacío que siempre presagiaba el deseo y la urgencia de escribir. En este vacío algo estaba adquiriendo forma, algo crecía. Una especie de nuevo cuento de Navidad… La misma nieve de siempre, un conflicto totalmente nuevo…

Oyó unos pasos cautelosos al otro lado de la pared. Era su vecino que volvía a casa, un tipo discreto y educado, comunista hasta la médula. En una suerte de arrebato más o menos abstracto, con una deliciosa sensación de confianza, Novodvortsev se volvió a sentar a la mesa. El tono, la coloratura de la obra ya empezaban a tomar cuerpo. Sólo tenía que crear el esqueleto, el tema. Un árbol de Navidad: ése era el comienzo. Se imaginó ciertas familias, gente que en los viejos tiempos había sido importante, gente que estaba aterrorizada, de mal humor, condenada (se los imaginaba con tanta nitidez …), gente que con toda seguridad estaba ahora mismo colocando adornos de papel en un abeto que habían cortado a hurtadillas en el bosque. En estos tiempos ya no había dónde comprar aquellos adornos y oropeles, ya no se apilaban los abetos a la sombra de San Isaac…

Alguien llamó a la puerta, un golpe amortiguado, como si se hubiera cubierto los nudillos con un trozo de tela. La puerta se abrió unos centímetros. Delicadamente, sin apenas meter la cabeza, el vecino le dijo: “¿Le importaría prestarme una pluma? Si tiene alguna con la punta un poco roma, se lo agradeceré”.

Novodvortsev se la dio.

- Muchísimas gracias -dijo el vecino, cerrando la puerta silenciosamente.

Aquella interrupción insignificante rompió en cierta manera la imagen que estaba madurando en su mente. Se acordó que en El Filo Tumanov sentía cierta nostalgia por la pompa de las antiguas fiestas. Pero no buscaba ni quería una mera repetición. Y en aquel momento pasó por su mente otro recuerdo inoportuno. Recientemente, en una fiesta, había oído cómo una joven le decía a su marido: “Te pareces mucho a Tumanov en varios aspectos”. Durante unos días se sintió feliz. Pero luego conoció personalmente a la citada señora y el tal Tumanov resultó ser el novio de su hermana. Y tampoco ésa había sido su primera desilusión. Un crítico le había dicho que iba a escribir un artículo sobre tumanovismo. Había algo que le adulaba infinitamente en ese ismo y también en la t con la que la palabra comenzaba en ruso. El crítico, sin embargo, se había ido al Cáucaso a estudiar a los poetas georgianos. Y, a pesar de todo, no podía negar que Tumanov le había proporcionado ciertos momentos agradables. Por ejemplo, una lista como la siguiente: “Gorky, Novodvortserv, Chirikov…”

En una autobiografía que acompañaba sus obras completas (seis volúmenes con retrato del autor incluido) había contado cómo él, hijo de padres humildes, se había abierto camino en el mundo. Su juventud, en realidad, había sido feliz. Un vigor saludable, fe, éxito. Habían transcurrido veinticinco años desde que una aburrida revista literaria publicara su primer relato.

A Korolenko le había gustado su obra. Había sido arrestado un par de veces. Habían cerrado un periódico por su culpa. Ahora sus aspiraciones cívicas se habían visto cumplidas. Se sentía libre y cómodo entre los escritores jóvenes que empezaban. Su nueva vida le satisfacía al máximo. Seis volúmenes. Su nombre era conocido. Y sin embargo su fama era pálida, pálida…

Saltó de nuevo mentalmente hasta la imagen del árbol de Navidad y, bruscamente y sin aparente razón, se acordó del cuarto de estar de la casa de unos comerciantes, de un gran volumen de artículos y poemas con páginas de cantos dorados (una edición benéfica para los pobres) que de alguna forma estaba relacionado con aquella casa, recordó también el árbol de Navidad del cuarto de estar, la mujer que él amaba en aquel tiempo, y las luces del árbol reflejándose como un temblor de cristal en sus ojos abiertos al coger una mandarina de una de las ramas más altas. Habían transcurrido veinte años o quizá más, cómo se fijaban en la memoria algunos detalles…

Disgustado, abandonó este recuerdo y se imaginó una vez más esos viejos abetos más bien ralos que, en ese mismo momento, con toda seguridad, se veían engalanados y decorados con adornos… Pero ahí no había ningún relato, aunque siempre se le podía dar un ángulo sutil… Exiliados que lloran en torno de un árbol de Navidad, engalanados con sus uniformes impregnados de polilla, mirando al árbol sin dejar de llorar. En algún lugar de París. Un viejo general rememora al recortar un ángel de cartón dorado cómo solía abofetear a sus soldados… Pensó entonces en un general que había conocido personalmente y que ahora estaba en el extranjero, y no había forma de imaginárselo llorando arrodillado ante un árbol de Navidad…

“Pero, con todo, ahora voy por buen camino.” Dijo Novodvortsev en voz alta, persiguiendo impaciente un pensamiento que se le había escapado. Y entonces algo nuevo e inesperado empezó a tomar forma en su imaginación -una ciudad europea, un pueblo bien alimentado, cubierto de pieles. Un escaparate completamente iluminado. Tras él, un enorme árbol de Navidad de cuyas ramas cuelgan frutas carísimas y en cuya base se amontonan muchos jamones. Símbolo de bienestar. Y delante del escaparate, en la acera helada…

Todo nervioso, pero nervioso con la excitación del triunfo, sintiendo que había encontrado la clave única y necesaria, que iba a componer algo exquisito, que iba a describir como nadie lo había hecho antes la colisión de dos clases, de dos mundos, empezó a escribir. Escribió acerca del árbol opulento en el escaparate descaradamente iluminado y del trabajador hambriento, víctima del paro, mirando aquel árbol con mirada severa y sombría.

“El insolente árbol de Navidad -escribió Novodyortsev- ardía con todos y cada uno de los colores del arco iris.”

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Sed felices. Miles de besos, Valeria.

diciembre 22, 2010

Ya toca…

Archivado en: Buenos días — valeriatittarelli @ 10:51 am

¡Muy buenos días!

Pues eso … que ya toca felicitar estas fiestas, ¿no? Que estamos en plena recta, jajaja. Qué poquito queda para que Papa Noël deje sus regalitos debajo del árbol. ¿Me traerá algo a mí? Que he sido muyyyyyyyyyyy buena :) . A ver, a ver… ¡esperaremos!

Mientras tanto, ¿quereís leer una reseña? Mmmm, ¿qué os parece ésta sobre “La señora de rojo” de Antonio Ortuño? El autor de la crítica es Miguel Baquero:

Os dejo el comienzo, pero hay que hacer click aquí http://www.culturamas.es/blog/2010/12/21/la-senora-rojo-de-antonio-ortuno/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Culturamas+%28Culturamas%29    para leerla completica:

“La señora Rojo”, el cuento que da título a esta colección de relatos, ejemplifica en gran medida el tono general del libro: la señora Rojo es una enorme tortuga que ha venido a morir en el jardín del protagonista, quien, paralizado por lo absurdo, o mejor, lo insólito de la situación, no se decide ni por curar al animal ni tampoco por liquidarlo.
Se trata de una línea literaria en que lo cotidiano se lleva a sus últimos extremos, al extremo quizás de lo delirante, pero sin caer en lo irracional o en lo imposible. Es una línea de concebir y de llevar la realidad hasta el punto donde no se alcanza a discernir si lo que ocurre es verosímil y podría suceder o es imposible que ocurra y por qué razón. Es en esta línea donde se están desenvolviendo últimamente los cuentistas y donde el texto alcanza unos méritos mayores.

Ya que estamos en Navidad, lo suyo es leer un cuento clásico. Aquí está:

CUENTO (Arthur Rimbaud)

«Un príncipe estaba molesto por haberse dedicado únicamente a la perfección de generosidades vulgares. Preveía asombrosas revoluciones del amor y sospechaba que sus mujeres podían dar algo más que esa complacencia adornada de cielo y de lujo. Él quería ver la verdad, la hora del deseo y de la satisfacción esenciales. Fuese o no una aberración de la piedad, lo quiso. Al menos poseía un poder humano bastante amplio.

Todas las mujeres que lo conocieron fueron asesinadas. ¡Qué exilio del jardín de la belleza! Bajo el sable, ellas lo bendijeron. No pidió mujeres nuevas. Ellas resurgieron.

Mató a cuantos le seguían, después de la caza o de las libaciones. Todos le siguieron.

Se entretuvo degollando animales lujosos. Ordenó incendiar palacios. Arrollaba a las personas y las descuartizaba. La multitud, las techumbres doradas, los bellos animales seguían existiendo.

¡Cómo puede uno extasiarse ante la destrucción, rejuvenecerse por medio de la crueldad! El pueblo no murmuró. Nadie contribuyó con su opinión.

Una noche el príncipe galopaba altivo. Apareció un Genio, de una belleza inefable, inconfesable incluso. ¡De su fisonomía y su porte emanaba la promesa de un amor múltiple y complejo! Una felicidad inexpresable, ¡casi insoportable! El Príncipe y el Genio se destruyeron probablemente en salud esencial. ¿Cómo no hubieran podido no morir? Juntos, pues, murieron.

Mas el Príncipe falleció, en su palacio, a una edad corriente. El Príncipe era el Genio. El Genio era el Príncipe.

La música sabia se abstiene de nuestro deseo».

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Mañana movida.

Besos mil, Valeria

diciembre 21, 2010

Diluvio

Archivado en: Actividades de nuestros amigos,Buenos días — valeriatittarelli @ 11:06 am

   ¡Muy buenos días!

Qué barbaridad, cómo llueve ce matin en Graná!!! Noé prepara la barca que nos subimos… ¿Qué libros os llevaríais en caso de…? ¿O a quién invitaríais -exceptuando la familia cercana- a esa travesía?  Menuda disquisición, ¿no?

¿Habría lugar para un lobo feroz?  ¿O alguien se lo habría cargado antes?

Comienzo del relato “¿Quién mató el lobo feroz” de Carlos Salem que nos lo regala por Navidad:

 ”Avancé con el coche por el camino privado durante medio kilómetro y sólo entonces pude ver la mansión. Detrás, el parque natural que limita con la propiedad parecía pedir disculpas porque sus árboles no se veían tan pulcros como los de sus vecinos ricos. Las luces de todas las ventanas estaban encendidas y delante del porche conté tres coches. Ninguno oficial. Mejor, pensé. Me gusta llegar a la escena del crimen antes de que los de la Científica, envenenados con tanta serie de televisión, lo llenen todo de letreritos amarillos y sustancias pringosas. De algo tenía que servirme ser el único policía de Homicidios que sólo trabaja en el turno de noche.

Toqué el timbre aunque la puerta estaba entornada y abrió “La abuelita”. Tenía que serlo: la llamada la había hecho una muchacha denunciando que intentaron matarla a ella y a su abuelita. Y la mujer que me observaba no tenía pinta de nieta. Tampoco de abuelita. Aparentaba treinta y pocos años y sólo vestía una corta bata de seda negra que se untaba en su cuerpo. Le mostré la credencial y traté de mirarla sólo a los ojos. Casi lo consigo.”   (El resto del relato, aquí: http://elhuevoizquierdodeltalento.blogspot.com/ )

¿Invitaríais a un cocodrilo? Parece ser que en el blog de Alberto Masa hay confusión:

Todo iba bien. Yo iba cada mañana a la cocina y preparaba café mitad natural y mitad torrefacto. Si se caía un poco, entonces pasaba la fregona y ya está. Abría la nevera y cogía la leche y luego echaba un poquitito sobre la taza, el vaso o lo que fuera. Así cada día. La vida, en fin, era un puto paraíso: Dios vivía en el cajón de las cucharas y, al abrirlo, nunca se quejaba. Parecía automático. Todo ese paraíso, toda esa cocina y su cafetera y sus tazas, sus vasos y sus cucharillas, todo era un paraíso, un paraíso automático. El botón de hacer café era la contraseña que iniciaba el día y, según le diese, llovería o no y todo estaría bien. La vida era levantarse, hacer el café y luego sentarse y esperar que empezasen a sonar todos los teléfonos. Siempre era alguien que se había equivocado. O eso o Carmen Balcells para convencerme de que fuese a su casa de Barcelona a comer botillo y migas (caseras) con callos (caseros).

(El resto, aquí: http://www.culturamas.es/blog/2010/12/20/quiero-ver-cocodilo-dundee-ii/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Culturamas+%28Culturamas%29 )

Está claro que sin internet no podríamos estar … ¿cómo íbamos a escuchar éste relato de Raúl Ariza si no?: http://www.youtube.com/watch?v=CZK-2FDXx0g . Por cierto, muy buen artículo sobre su libro Elefantiasis el que se publicó en el periódico Granada Hoy… http://www.granadahoy.com/ocio/detail.php?id=855375#opi

A quien sí deberíamos invitar es a una paloma mensajera … De otro modo no podríamos participar en este excelente concurso ideado por RDL en el que se puede conseguir un magnífico lote de 20 libros y que me ha hecho llegar Sergi Bellver:

                                  Bases del Concurso RdL – Audaces 2011

Qué. Cada participante deberá enviar un solo texto de cien palabras como máximo, contando una situación, preferiblemente real, en la que se muestre cómo en un momento en el que todas las circunstancias parecían estar en contra, luchó por un sueño o un proyecto personal, profesional, colectivo o artístico, y salió adelante. Una mudanza al extranjero, un cambio radical de vida, de profesión o de estudios, una situación personal, una nueva empresa, cualquier ejemplo es bueno para homenajear ese espíritu del apasionado, del  novel o del héroe cotidiano que permanece fiel a sí mismo.

Cuánto. Un jurado, formado por la dirección y varios miembros de la redacción de Revista de Letras, representantes de las editoriales colaboradoras y libreros, elegirá las tres mejores historias, las más inspiradoras, las mejor contadas. El premio para cada uno de los tres ganadores consistirá en un lote de veinte libros publicados a lo largo de 2010 por las editoriales colaboradoras del concurso. Cada lote, valorado en 500 euros, será enviado a domicilio.

Cuándo. Hasta las 21.00 horas (hora peninsular española) del domingo 2 de enero de 2011. El fallo del jurado se publicará en Revista de Letras el miércoles 5 de enero, víspera del día de Reyes.

Cómo y dónde. A lo largo de dicha convocatoria, el sistema único de participación será a través de un comentario visible en esta misma entrada. Sólo entrarán a concurso los textos de quienes faciliten una dirección válida de correo-e en el apartado correspondiente del formulario de comentarios. Revista de Letras no hará pública en ningún caso dicha dirección de correo-e, ni la utilizará para su base de datos. No se aceptarán comentarios anónimos ni ofensivos.

Quién. Podrá participar cualquier persona de cualquier edad y nacionalidad, a condición de que resida en España o que, en caso de resultar ganadora del concurso, facilite una dirección de entrega en territorio español. No podrá participar en esta iniciativa ninguna persona vinculada profesionalmente a Revista de Letras ni a ninguna de las veinte editoriales colaboradoras de este premio.

El fallo del jurado será inapelable y la participación en este concurso implica la plena aceptación de sus bases.

Relación de libros que se regalarán: http://www.revistadeletras.net/concurso-rdl-audaces-2011-veinte-libros-del-2010-para-devorar-en-el-nuevo-ano/

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Alguien más se preocupa de los naufragios… Micro de Ataulfo Gamonal en el blog de Hansel en Baviera>> http://wwwnorbertoluisromero.blogspot.com/2010/12/un-micro-de-ataulfo-gamonal.html

Y claro si todos nos subiésemos en esa gran nave, seríamos emigrantes en busca de nuevo hogar, pero … ¿qué dejaríamos atrás?:

El emigrante“   (Luis Felipe Lomelí)

 “-¿Olvida usted algo?

-¡Ojalá!”.

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      Mientras escribía este post, la lluvia se ha aplacado. El embarque podemos pues posponerlo. Y mientras llega o no llega, nos dará tiempo a leer esta reseña sobre el libro “Pampanitos Verdes“, de Óscar Esquivias: http://blogs.elcorreo.com/ele/2010/12/20/-pampanitos-verdes-oscar-esquivias-ediciones-del-viento-

     Podremos, del mismo modo, darle la enhorabuena que merece al amigo Ginés S. Cutillas. Uno de sus relatos, incluidos en la estupenda iniciativa de “Relatos para leer en el autobús“: http://uneternoygracilbucle.es/gines/Gblog/

Y, cómo no, podremos rodearnos de buena música. Hoy le toca a Love of Lesbian: http://www.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3D0_YRYFbRBQk&h=8a583 .

PD. Sed felices. Sonreíd. Amad y emocionaros. Miles de besos, Valeria.

diciembre 20, 2010

Buenísimos días

Archivado en: Actividades de nuestros amigos,Buenos días,Canciones para amar — valeriatittarelli @ 10:42 am

Hola, hola, ¿qué tal el fin de semana? Fiesta, fiesta y más fiesta, seguro. Es lo que tiene el mes de diciembre, ¡que no para uno!

Imágenes del viernes, para que os hagáis una ideilla:

   

Vamos a por las letras:

- “Pipa de la paz“, nuevo microrrelato de Víctor Lorenzo Cinca en Realidades Para Lelos: http://realidadesparalelos.blogspot.com/ (fumar sienta mal, jajaja).

-Uno de Zombi … “Aplastado por el tedio, se arrojó a la calle en pos de aventuras…” de Javier Puche en Puerta Falsa:  http://puerta-falsa.blogspot.com/ (¿Cúantos no se echan a la calle en busca de vete a saber qué y al final regresan a casa mucho peor de como salieron? Ayyy, si es que…)

-Se está hablando mucho, pero que mucho de un libro de relatos. Se trata de “Lo inolvidable” del argentino Eduardo Berti. Os dejo el enlace a una de las reseñas que ha recibido éste libro: http://www.elplacerdelalectura.com/2010/12/lo-inolvidable-eduardo-berti.html y una entrevista al autor en el programa de RNE, El Ojo Crítico: http://www.rtve.es/mediateca/audios/20101217/ojo-critico—cuentos-inolvidables—17-12-10/967565.shtml (¿Realmente hay algo inolvidable? ¿Qué recuerdos deja uno a su paso por la vida? ¿Cómo llegaremos al juicio final, no al divino, sino al que a cierta edad todos nos autoimpondremos? ¿Podremos descansar tranquilos? ¿Nos arrepentiremos de algo? …)

-Os dejo enlace al cuento “El diestro” de Trifón Abad. Es el relato que ganó la XXIII edición del concurso Clarín de cuentos, publicado en exclusiva en Culturamas: http://www.culturamas.es/blog/2010/11/16/el-diestro-de-trifon-abad-premio-clarin-de-cuentos/

-Mmmm, ¿cúantos saben actuar llevados por el sentimiento? No es tan fácil, ¿verdad? A veces prima el orgullo, el pudor…   Gemma Pellicer da con la fórmula para poder hacerlo, en tan sólo una línea y basado en una obra de Lola Valls, “El alquimista“: http://megasoyyo.blogspot.com/

      Para cerrar, os dejo un clásico. El relato “La Estrella sobre el bosque“, de Stephan Zweig (me gustaría dejar por aquí la magnífica “Carta de una desconocida“, pero está claro que no lo hago por cuestión de espacio)

LA ESTRELLA SOBRE EL BOSQUE

Un día, cuando el diligente y apuesto camarero François se inclinó sobre el hombro de la bella condesa polaca Ostrovska, sucedió algo extraño. Sólo duró un segundo y no fue un estremecimiento o un sobresalto, un temblor o una emoción. Y, sin embargo, fue uno de esos segundos que abarcan miles de horas y de días llenos de júbilo y tormento, como el vigor vehemente de los grandes y fragorosos robles con todas sus ramas que se mecen y sus copas que se inclinan está contenido en un solo granito de semilla. En ese segundo no sucedió nada visible. François, el dúctil camarero del gran hotel de la Riviera se inclinó aún más, para presentar con mayor comodidad la fuente al cuchillo indeciso de la condesa. Pero su rostro descansó ese momento a pocos centímetros de las ondas dulcemente rizadas y perfumadas de su cabeza, y, cuando instintivamente alzó la mirada devota, sus ojos turbados vieron la suave y luminosa línea blanca con la que su cuello surgía de esa marea oscura y se perdía en el vestido rojo oscuro abullonado. Una llamarada color púrpura lo invadió. Y el cuchillo vibró suavemente en la fuente, presa de un imperceptible temblor. Aunque en ese segundo François intuyó las graves consecuencias de este repentino hechizo, dominó hábilmente su agitación y siguió sirviendo con el entusiasmo reservado y un poco galante de un garçon de buen gusto. Alargó la fuente con movimiento medido al acompañante habitual de la condesa, un aristócrata maduro dotado de una imperturbable elegancia, que relataba cosas indiferentes con entonación refinadamente acentuada y en un francés cristalino. Luego se apartó de la mesa sin alterar su mirada y su gesto.

 Estos minutos fueron el comienzo de un estado de ensueño muy extraño y ferviente, de un sentimiento tan impetuoso y exaltado que apenas le corresponde el término grave y noble de amor. Era ese amor, de fidelidad canina y desprovisto de deseos, que los seres humanos generalmente no experimentan en la flor de su vida, que sólo sienten las personas muy jóvenes o muy ancianas. Un amor sin reflexión, que sólo sueña y no piensa. Olvidó por completo ese injusto y, sin embargo, inalterable desprecio que incluso personas inteligentes y circunspectas manifiestan hacia seres humanos que visten el frac de camarero; no especuló sobre posibilidades y casualidades, sino que aumentó en su sangre esa extraña inclinación hasta que su profundidad escapó a toda burla y crítica. Su ternura no era la de las miradas secretamente alusivas y al acecho, la temeridad de los gestos atrevidos que de repente se desata, la pasión sin sentido de labios sedientos y manos temblorosas; era una aplicación silenciosa, un prevalecer de aquellos pequeños servicios que son tanto más excelsos y sagrados en su modestia cuanto que permanecen a sabiendas ocultos. Después de la cena alisaba las arrugas del mantel delante de la silla de la condesa con dedos tan tiernos y dulces como quien acaricia las manos queridas y plácidas de una mujer; colocaba las cosas en su proximidad con simetría devota, como si las dispusiera para una fiesta. Con el mayor cuidado llevaba las copas que habían tocado sus labios a su estrecha y poco aireada buhardilla y de noche las dejaba relucir a la luz perlada de la luna como si fueran joyas preciosas. Constantemente era, desde cualquier rincón, el secreto observador de sus movimientos y actividades. Bebía sus palabras como quien paladea lascivamente un vino dulce y de perfume embriagador. y recogía las palabras y las órdenes ávido como los niños la rápida pelota en el juego. Así su alma embelesada introdujo en su pobre e indiferente vida un brillo cambiante y opulento. Nunca se le ocurrió la sabia necesidad de trasponer todo el episodio a las palabras frías y destructivas de la realidad de que el miserable camarero François amaba a una condesa exótica y eternamente inalcanzable. Porque él no la sentía como realidad, sino como algo excelso, muy lejano, que bastaba con su reflejo de la vida. Amaba el imperioso orgullo de sus órdenes, el ángulo dominante de sus cejas negras que casi se tocaban, el pliegue indómito alrededor de la boca fina, la gracia segura de sus gestos. La sumisión le parecía a François algo natural y sentía como dicha la proximidad humillante del servicio modesto, porque gracias a ella podía entrar tan a menudo en el círculo seductor que rodeaba a su amada.

 Así despertó de repente en la vida de un hombre sencillo un sueño, como una flor de jardín noble y cuidadosamente criada, que florece en una carretera donde el polvo de los caminantes ahoga todos los brotes. Era el vértigo de un ser sencillo, un sueño embriagador y narcótico en medio de una vida fría y monótona. Y los sueños de seres como él son como barcas sin timón, que van a la deriva presas de una voluptuosidad fluctuante sobre aguas silenciosas y espejeantes, hasta que de pronto su quilla choca con una sacudida seca en una orilla desconocida.

 La realidad, sin embargo, es más fuerte y sólida que todos los sueños. Una noche el corpulento portero procedente del Waadtland le dijo a François al pasar: «La Ostrovska se marcha mañana en el tren de las ocho». Y luego añadió otros nombres sin importancia que él apenas escuchó. Porque esas palabras se habían transformado en su cerebro en un confuso remolino tumultuoso. Varias veces se pasó los dedos mecánicamente por la frente afligida, como si quisiera apartar un sedimento pesado, que allí reposaba y obnubilaba la razón. Dio unos pasos titubeantes. Inseguro y atemorizado cruzó delante de un alto espejo de marco dorado, del que le salió al encuentro un rostro mortalmente pálido y extraño. Los pensamientos no acudían a su mente, estaban por así decir aprisionados tras un muro oscuro y nebuloso. Casi inconsciente, descendió, agarrándose a la balaustrada, la amplia escalera hacia el jardín sumido en sombras, en el que los altos pinos se erguían solitarios como pensamientos sombríos. Su silueta intranquila dio unos inciertos pasos más, como el vuelo bajo y tambaleante de un ave nocturna enorme y oscura, y por fin se dejó caer en un banco, apoyando la cabeza en su frío respaldo. El silencio era absoluto. A su espalda, entre los arbustos redondeados, relucía el mar. Luces suaves y trémulas chispeaban sobre su superficie, y en el silencio se perdía la monótona cantinela murmurante de lejanos rompientes.

 Y de pronto todo estaba claro, muy claro. Tan dolorosamente claro que François casi sonrió. Todo había acabado, sencillamente. La condesa Ostrovska se marcha a casa y el camarero François queda atrás en su puesto. ¿Acaso era tan raro? ¿No se marchaban al cabo de dos, tres o cuatro semanas todos los extranjeros que venían? Qué tontería no haberlo pensado antes. Porque todo estaba tan claro como para reír o llorar. Y sus pensamientos bullían y bullían. Mañana por la noche, en el tren de las ocho en dirección a Varsovia. A Varsovia…, horas y horas a través de bosques y valles, a través de colinas y montañas, a través de estepas y ríos y dinámicas ciudades. ¡Varsovia! ¡Qué lejos quedaba! No podía siquiera imaginar, aunque sí sentir en lo más profundo, esa palabra orgullosa y amenazadora, dura y lejana: Varsovia. Y él…

Durante un segundo aleteó una pequeña y fantástica esperanza. Podía seguirla. Y buscar empleo allí como criado, escribiente, cochero, esclavo; estar allí en la calle como mendigo, todo menos estar tan horriblemente lejos; al menos respirar el aliento de la misma ciudad, verla quizá pasar, ver su sombra, al menos, su vestido y su cabello negro. Ya surgían precipitadas visiones. Pero el momento era duro e implacable. François vio lo inalcanzable desnudo y claro. Calculó: cien o doscientos francos ahorrados, en el mejor de los casos. No bastaban ni para la mitad del camino. Y entonces ¿qué? Como a través de un velo desgarrado vio de pronto su vida, presintió lo pobre, miserable y fea que indefectiblemente sería de ahora en adelante. Años vacíos ejerciendo su profesión de camarero, torturado por un insensato deseo, esa ridiculez iba a ser su futuro. Lo recorrió un escalofrío. Y de pronto todas las cadenas de pensamientos confluyeron arrebatadas e imparables. Había únicamente una posibilidad.

Las copas de los árboles se mecían en una brisa apenas perceptible. La noche oscura y negra se alzaba amenazadora ante él. Entonces se alzó, seguro y sereno, del banco y se dirigió por la grava crujiente hacia el gran edificio que dormía en blanco silencio. Debajo de una de sus ventanas hizo un alto. Estaba ciega y sin un signo brillante de luz en el que se hubiera podido encender el deseo soñador. Ahora su sangre circulaba con latidos tranquilos, y se alejó como alguien al que ya nada confunde y engaña. En su cuarto se echó sin agitación alguna sobre la cama y durmió con un sueño denso y sin imágenes hasta la señal matutina del despertar.

Al día siguiente, su comportamiento se ciñó por completo a los límites de la deliberación meticulosamente definida y de la calma forzada. Con fría indiferencia cumplió con sus obligaciones, y sus gestos tenían una seguridad tan absoluta y tan despreocupada, que nadie hubiera imaginado detrás de la máscara falaz la amarga decisión. Poco antes de la hora de la cena, acudió con sus pequeños ahorros a la floristería más selecta y compró flores exquisitas que en su espléndido colorido le sugerían palabras: tulipanes del color del oro fogoso, que eran como la pasión; crisantemos blancos de amplia corola, como sueños luminosos y exóticos; finas orquídeas, las imágenes estilizadas del deseo, y unas soberbias rosas embriagadoras. Y luego compró un valioso jarrón de cristal con destellos opalescentes. Los pocos francos que aún le quedaban se los regaló al pasar, con un gesto rápido y distraído, a un niño que pedía limosna. Luego volvió al hotel. Con solemnidad melancólica colocó el jarrón con las flores delante del cubierto de la condesa, que dispuso por última vez con voluptuoso y minucioso esmero.

Llegó el momento de la cena. François sirvió la mesa como siempre: reservado, silencioso y competente, sin alzar los ojos. Sólo al final envolvió la silueta cimbreante y orgullosa de la condesa con una mirada infinita, que ella no percibió. Nunca le había parecido tan bella como en esta mirada última y libre de todo deseo. Luego se apartó con serenidad de la mesa, sin gesto alguno de despedida, y abandonó la sala. Como un huésped ante el que se inclinan los criados, atravesó los pasillos y descendió la elegante escalera de recepción hasta la calle: era evidente que en ese momento dejaba atrás su pasado. Delante del hotel se detuvo un segundo, indeciso; entonces empezó a caminar, bordeando iluminadas villas y amplios jardines, siempre adelante como un paseante ensimismado, sin saber adónde se dirigía.

Así vagó inciertamente hasta el anochecer en un estado de enajenación ensoñada. Ya no pensaba más en las cosas. Ni en las pasadas ni en las inevitables. Ya no le daba vueltas a la idea de la muerte, como sin duda en los últimos momentos el suicida circunspecto sopesa en la mano el brillante y amenazador revólver de profundo ojo y lo vuelve a dejar en la mesa. Hacía tiempo que se había sentenciado a sí mismo. Por su mente sólo pasaban imágenes en raudo vuelo, como golondrinas de viaje. Primero, los días de la juventud hasta aquella fatal hora de clase cuando una estúpida aventura lo propulsó violentamente desde la perspectiva de un futuro prometedor a la confusión del mundo. Luego los viajes incesantes, las dificultades por el sueldo, los proyectos, una y otra vez fracasados, hasta que la gran oleada negra, que llamamos el destino, quebró su orgullo y lo dejó abandonado en un puesto indigno. Muchos recuerdos multicolores pasaron revoloteando por su mente. Por fin relució el suave reflejo de los últimos días en sus sueños despiertos; y de nuevo abrieron violentamente la oscura puerta de la realidad que debía traspasar. Recordó que deseaba morir en ese mismo día.

 Durante un rato recapacitó sobre los muchos caminos que conducen a la muerte, y comparó su respectiva amargura y su definitiva prontitud. Hasta que lo traspasó un pensamiento. En su sombría cavilación se le ocurrió un funesto símbolo: así como la condesa había arrasado inconsciente y destructivamente su vida, así debía arrollar también su cuerpo. Ella misma lo llevaría a cabo. Ella misma consumaría su obra. Y ahora sus pensamientos se aceleraron con increíble seguridad. En algo menos de una hora, a las ocho, salía el expreso que la llevaba a su encuentro. Se arrojaría debajo de sus ruedas, se dejaría destrozar por la misma fuerza arrebatadora que le arrancaba a la mujer de sus sueños. Se desangraría debajo de sus pies. Los pensamientos galopaban y se perseguían jubilosos. François ya conocía el lugar. Más arriba, al borde del bosque, donde las copas frondosas de los árboles oscurecían la última vista sobre la cercana bahía. Miró el reloj: los segundos y los latidos de su sangre casi marcaban el mismo ritmo. Era hora de ponerse en camino. Y ahora, de repente, sus pasos cansinos se volvieron elásticos y decididos, con ese ritmo duro y precipitado que el sueño mata en su avance. Agitado se precipitó en el esplendoroso crepúsculo del anochecer meridional hacia el lugar en el que, entre lejanas colinas cubiertas de bosque, el cielo aparecía incrustado como una línea color púrpura. Y corrió hasta llegar a las vías del tren, que relucían como dos líneas plateadas y le mostraban el camino. Lo condujeron por una ruta sinuosa hacia la altura, a través de perfumados y profundos valles, cuyos velos de niebla atenuaban plateados la luz cansina de la luna; lo condujeron ascendiendo a las colinas, desde las que se veía lo lejos que el mar vasto y nocturno refulgía con sus brillantes luces costeras. Y le mostraron por fin el profundo bosque mecido por el inquieto viento, que sumergió las vías en las sombras que se cernían.

Ya era tarde cuando François llegó con respiración entrecortada a la ladera oscura del bosque. Los árboles lo rodeaban lúgubres y negros. Sólo arriba, entre las copas transparentes, asomaba la luz temblorosa y pálida de la luna entre las ramas, que se quejaban cuando la ligera brisa de la noche las tomaba en sus brazos. De vez en cuando resonaban extrañas llamadas de lejanos pájaros nocturnos en el apretado silencio. Los pensamientos se le paralizaron por completo en esa aprensiva soledad. François sólo esperaba, esperaba y miraba fijamente si allá abajo, en la curva de la primera serpentina ascendente, asomaba la luz roja del tren. De vez en cuando consultaba nervioso el reloj y contaba los segundos. Luego volvía a prestar atención al lejano grito del tren. Pero era imaginación suya. El silencio era total. El tiempo parecía haberse congelado.

 Por fin brilló allá abajo la luz. En ese segundo François sintió una sacudida en el corazón, aunque no hubiera podido decir si de temor o de alegría. Con un movimiento impetuoso se tiró sobre las vías. Al principio sólo sintió un instante el agradable frío de los raíles de hierro en su sien. Luego aguzó el oído. El tren aún estaba lejos. Podía tardar algunos minutos. Ahora no se oía nada excepto el susurro de los árboles en el viento. Los pensamientos saltaban confusos. Y, de pronto, uno que permaneció clavado como una dolorosa flecha en su corazón: que él moría por ella y que ella nunca lo sabría. Que ni la más pequeña ola de su vida encrespada había tocado la de ella. Que ella nunca sabría que una vida ajena había venerado la suya y se había destrozado contra ella.

Apenas perceptible y muy lejano se oía jadear por el aire casi quieto el golpeteo rítmico de la máquina que remontaba la pendiente. Pero el pensamiento seguía quemando con igual fuerza y atormentaba los últimos minutos del moribundo. El tren se aproximaba más y más con su estrépito metálico. Y entonces François abrió una vez más los ojos. Sobre él se extendía un cielo mudo de un azul casi negro y las copas intranquilas de unos árboles. Y sobre el bosque resplandecía una estrella blanca. Una estrella solitaria sobre el bosque… Los raíles empezaron a vibrar suavemente y a zumbar bajo su cabeza. Pero el pensamiento ardía como fuego en su corazón y en la mirada que abarcaba toda la intensidad y la desesperación de su amor. Todo el deseo y esta última dolorosa pregunta se volcaron en la estrella blanca y reluciente, que miraba benignamente sobre él. El tren se aproximaba más y más. Y el moribundo envolvió una vez más con una última e inefable mirada la estrella sobre el bosque. Luego cerró los ojos. Los raíles temblaron y vibraron, la marcha estrepitosa del presuroso tren se acercaba más y más y el bosque resonaba como grandes y martilleantes campanas. La tierra pareció tambalearse. Aún un aturdidor chirrido, un estruendo arremolinado, luego un estridente pitido, el grito de animal asustado del silbato del tren y la queja disonante de un freno inútil.

La bella condesa Ostrovska ocupaba en el tren un compartimiento reservado. Desde el inicio del viaje leía una novela francesa, mecida suavemente por el balanceo del vagón. El aire del estrecho habitáculo era sofocante y estaba cargado del denso perfume de muchas flores a punto de marchitarse. En las magníficas cestas de despedida los racimos de lilas blancas ya dejaban caer la cabeza, cansinas como frutas excesivamente maduras, las flores colgaban flácidas de sus tallos, y los cálices pesados y dilatados de las rosas parecían consumirse en la nube caliente de los aromas embriagadores. Un atosigante bochorno calentaba las pesadas oleadas de perfume, suspendidas perezosas incluso en la presteza acelerada del tren.

 De pronto, la condesa dejó caer el libro con dedos fatigados. Ni ella misma sabía por qué. Una sensación misteriosa la invadió. Sintió una presión sorda y dolorosa. Un dolor repentino, inexplicable y angustioso se apoderó de su corazón. Creyó que iba a asfixiarse en el vaho turbador y cálido de las flores. Y ese aterrador dolor no cedía, sentía cada vibración de las ruedas veloces, la ciega marcha hacia delante la martirizaba indeciblemente La asaltó un deseo fulminante de parar el impulso acelerado del tren, de detenerlo ante el oscuro dolor hacia el que se precipitaba. Nunca en su vida había sentido su corazón atenazado por algo tan horrible, invisible y cruel como en esos segundos de dolor inconcebible y miedo inexplicable. Y esa sensación se hizo más y más acuciante, y más apretada la presión alrededor de su garganta. Como una plegaria surgió en ella el deseo de que el tren parara.

 Ahí, de repente, un estridente silbato, el grito salvaje de aviso del tren y el quejido de los frenos con su lamentable chirrido. Y el ritmo ralentizado de las ruedas aladas, más y más lento, luego un tartamudeo mecánico y un golpe brusco.

Con dificultad se acercó a la ventanilla para aspirar a bocanadas el aire fresco. El cristal descendió ruidosamente. Afuera siluetas negras, corriendo… Palabras al vuelo de múltiples voces: un suicida… Bajo las ruedas… Muerto… En pleno campo…

La condesa se estremece. Instintivamente su mirada se alza hacia el cielo alto y silencioso y hacia los árboles negros mecidos por el viento. Y sobre ellos una estrella solitaria sobre el bosque. La condesa siente su mirada como una lágrima refulgente. La contempla y de pronto siente una tristeza como nunca la ha sentido. Una tristeza llena de fuego y deseo, como nunca existió en su vida…

El tren reanuda lentamente su marcha. La condesa se reclina en la esquina de su butaca y lágrimas silenciosas se deslizan por sus mejillas. La angustia sorda ha desaparecido, ya sólo siente un profundo y extraño dolor, cuyo origen busca explicarse en vano. Un dolor como el que tienen los niños asustados, cuando despiertan en la noche oscura e impenetrable y sienten que están por completo solos..

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Creo que esto es todo por hoy. A seguir disfrutando de la Navidad, de los amigos y de la familia. Os dejo con Henry Lee: http://www.youtube.com/watch?v=ESdzdkTHz3s

diciembre 17, 2010

Al fin … ¡¡viernesssssss!!

Archivado en: Buenos días — valeriatittarelli @ 12:59 pm

  ¡Muy buenos días!

Ayyy, qué ganicas tenía yo ya de que llegara este viernes y al fin… ¡ya está aquí!

De nuevo frío, de nuevo sol luminoso, nuevamente sonrisas, ¿qué más se puede pedir?

Pues que os deje las fotillos de la pasada reunión de Pasapágina, ¿no? Aquí están. Ambiente festivo, como siempre y buena compañía; en esta ocasión la escritora Cristina García Morales (que nos debe una charlita) y Miguel Ángel Cáliz (que se está haciendo asiduo, jejeje)

       

Ahora, más fotillos. Lo que puede dar de sí un paseíto desde un hospital (nada grave, pequeño control). Las risas y el encuentro con las famosas esculturas del boulevard de la Avenida de la Constitución, que, (podeís regañarme tranquilamente), aún no había visto. Y como una cosa lleva a la otra … una foto en la escalinata de mi instituto, el célebre Padre Suárez :) :

Nota bene: las poses de mis peques son totalmente espontáneas, jajaja. Lo que me reí cuando me las veo tan “en situación” con San Juan de la Cruz!!

   San Juan de la Cruz      Elena Martín Vivaldi

    (Manuel de Falla)     (Federico García Lorca)    (I. Padre Suárez)

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Si ayer teníamos un “malabar” de Gemma Pellicer, hoy tocan unos “Titititeros” de Jesús Esnaola: http://realidadesparalelos.blogspot.com/

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¿Niño o niña?

HISTORIAS CON NOMBRE DE MUJER (Tino Pertierra)

SONIA

«Mis padres querían un niño pero nací yo. Temo que aún no me hayan perdonado. Lo peor de todo es que a veces  tengo la extravagante sensación de que ni yo misma me perdono por haberles decepcionado. Tal vez pensaron que yo era un castigo por mantener la farsa de un matrimonio que sobrevivía por inercia. Y por miedo al qué dirán, claro. Claro. Al menos, un niño hubiera satisfecho las necesidades sucesorias de mi padre, convencido de que su negocio de cerámica sólo tendría futuro si caía en manos de un heredero al que habría enseñado todo lo que se necesita para triunfar en el mundo de la empresa. Una mujer no entraba en sus planes. Y mi madre… bueno, ella aceptó quedar embarazada para dejar de aguantar a su marido, así que una niña no solucionaba el problema, o incluso lo agravaba. ¿Y si mi padre queria repetir a ver si a la segunda le salía (como decía él) material sin rajar? No estoy hablando por hablar, ni juego a elucubraciones. Todo esto me lo confesó mi madre en la residencia de ancianos, cuando los remordimientos se mezclaban con la indiferencia de la senilidad y podía sincerarse sin temor a causar estragos en su conciencia y en mi orgullo. Esas revelaciones, por el contrario, me ayudaron a entender cosas que había dado ya por herméticas. Entendí la falta de cariño y las ausencias prolongadas, entendí el desinterés y la apatía, entendí mi propia rudeza y mi necesidad constante de soledad. Sola, libre, sin contaminar. El desconcierto va siempre acompañado de rebeldía. Si  mis padres no mostraban interés por mí, yo no les daría el placer de sentirme dañada. No. Cuando mi madre perdió al niño que esperaba empecé a percibir odio en los ojos de mi padre y reproche en los de mi madre. Por qué él y no yo. Buena pregunta. Llegado el momento elegí al hombre que más pudiera desagradar a mi padre y me casé contra él. No fue a la boda pero mi madre sí. Me sorprendió. Quedamos viudas al año siguiente, y las dos gracias a la carretera. Perdón, quería decir por culpa de la carretera».

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Poema de Carlos Marzal, magnífico:

  Pluscuamperfecto de futuro

Cuando deje las sábanas, mañana,
pensaré que mi sueño de la noche
no ha sido sólo un sueño
y que lo que me aguarda no es la huraña
mañana de mañana.
Acogeré mi cuerpo esperanzado,
como un feliz presagio inmerecido,
y si hay un cuerpo a1lado,
será maravilloso descubrirlo,
saber que las monedas que he pagado
(y las monedas con que me ha comprado)
han sido las monedas del amor,
que pagamos con gusto y por el gusto,
locos de amor los dos.
Y amar, esa mañana, extrañamente,
será la redención de nuestros actos
pasados y futuros,
y el hecho del amor, en su presente,
será como la historia sin la historia,
un cuento que contamos con los cuerpos
y que tiene sentido,
lleno de ruido y furia compartidos.
Y si despierto solo,
despertaré contento de estar solo,
por la simple razón de estar conmigo,
que soy el viejo amigo
de algunos buenos ratos que he vivido.
Se inundará la casa con el sol,
y si no hay sol se inundará de gris,
un gris reconfortante, de París,
que es la ciudad que tiene un gris más sol.
Haré mis abluciones matinales
y haré la colación,
y respecto al milagro
de que los alimentos alimenten
haré una reflexión
profunda, sorprendente, que alimente
las estancias del alma y que dé calma
a un alma que ama la contemplación.
Para el resto del día tendré planes
y hasta tendré esperanzas,
que ya es tener bastante un mismo día,
y en un claro derroche de energía
tendré la convicción de que los planes
y hasta las esperanzas
no son la más completa tontería.
Naceré a mi ciudad,
como si fuese la primera vez
que nazco y que la veo,
contento de nacer y de fundar,
igual que un gran viajero, mi ciudad,
quizá un lugar tranquilo junto al mar,
donde esperar consiste en encontrar
una buena razón para esperar
el paso de los días.
Ya la ciudadanía,
que, comúnmente, es una porquería,
una viciosa tropa indiferente,
habré de comprenderla, y, comprendiéndola,
comprenderé toda su indiferencia,
su desprecio, porque tendré conciencia
de que quien más quien menos (y me incluyo)
tiene una innoble historia que contar,
lo cual, si no inocentes,
nos vuelve dignos de algo de piedad.
Seré un huésped del tiempo, un invitado
que aspira a estar contento y al cuidado
de las horas, hasta lograr que el tiempo
sea por fin mi líquido elemento,
y no un andén desierto en que aguardar
trenes de paso hacia ningún lugar,
cansado, el pensamiento, de sentir,
y de pensar, cansado el sentimiento.
Toda la peor vida de la vida,
que a veces es la única que ocurre,
le habrá ocurrido a un yo que no conozco,
un yo que a fuerza de desconocido
convierte en no vivido lo vivido,
y el yo que reconozco, el que comparte
la vida preferida
(ésa que ha estado siempre en otra parte)
sera mi yo más mío.
Y la vida que venga será fácil,
o lo parecerá (que más me da)
será la dulce vida,
y por dulzura y por facilidad
será una eternidad mientras me dura,
aunque sólo me dure un día más.
Por eso, más que un día,
mi día de mañana es el proyecto
de un tiempo por llegar:
es el pluscuamperfecto de futuro.
Ya sólo hay que aprenderlo a conjugar.

De “La vida de frontera”

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¿Soñamos? Vamos allá, con todo un clásico:

EL SUEÑO (Frank Kafka)

Josef K. soñó:

Era un día hermoso, y K. quiso salir a pasear Pero apenas dió dos pasos, llegó al cementerio. Vió numerosos e intrincados senderos, muy numerosos y nada prácticos; K. flotaba sobre uno de esos senderos como sobre un torrente , en un inconmovible deslizamiento. su mirada advirtió desde lejos el montículo de una tumba recién cubierta, y quiso detenerse a su lado. Esse montículo ejercía sobre él casi una fascinación, y le parecía que nunca podría acercarse demasiado rápidamente. De pronto, sin embargo, la tumba casi desaparecía de la vista, oculta por estandartes que flameaban y se entrechocaban con fuerza; no se veía a los portadores de los estandartes, pero era como si allí reinara un gran júbilo

Todavía buscaba a la distancia, cuando vió de pronto la misma sepultura a su lado, cerca del camino; pronto la dejaría atrás. Salto rápidamente al césped. Pero como en el momento del salto el sendero se movía velozmente bajo sus pies, se tambaleó y cayó de rodillas justamente frente a la tumba. Detrás de ésta había dos hombres que sostenían una lápida en la tierra, donde quedó sólidamente asegurada. Entonces surgió de un matorral un tercer hombre, en quién K. inmediatamente reconoció a un artista. Sólo vestía pantalones y una camisa mal abotonada; en la cabeza tenía una gorra de terciopelo; en la mano un lápiz común, con el que dibujaba figuras en el aire mientras se acercaba

Apoyó ese lápiz en la parte superior de la lápida; la lápida era muy alta; el hombre no necesitaba agacharse, pero si inclinarse hacia adelante, porque el montículo de tierra (que evidentemente no quería pisar) lo separaba de la piedra. Estaba en puntas de pie y se apoyaba con la mano izquierda en la superficie de la lápida. mediante un prodigio de destreza logró dibujar con un lápiz común letras doradas y escribió: “Aquí yace”. Cada una de las letras era clara y hermosa, profundamente inscripta y de oro purísimo Cuando hubo escrito las dos palabras, se volvió hacia K. que sentía gran ansiedad por saber cómo seguiría la inscripción, apenas se preocupaba por el individuo y sólo miraba la lápida. El hombre se dispuso nuevamente a escribir, pero no pudo, algo se lo impedía; dejo caer el lápiz y nuevamente se volvió hacia K.

Esta vez K. lo miró y advirtió que estaba profundamente perplejo, pero sin poder explicarse el motivo de su perplejidad. Toda su vivacidad anterior había desaparecido. Esto hizo que también K. comenzara a sentirse perplejo; cambiaban miradas desoladas; había entre ellos algún odioso malentendido, que ninguno de los dos podía solucionar. Fuera de lugar, comenzó a repicar la pequeña campana de la capilla fúnebre, pero el artista hizo una señal con la mano y la campana cesó. Poco después comenzó nuevamente a repicar; esta vez con mucha suavidad y sin insistencia; inmediatamente cesó; era como si solamente quisiera probar su sonido. K. estaba preocupado por la situación del artista, comenzó a llorar y sollozó largo rato en el hueco de sus manos. El artista esperó que K. se calmara y luego decidió , ya que no encontraba otra salida, proseguir su inscripción . El primer breve trazo que dibujó fué un alivio para K. pero el artista tuvo que vencer evidentemente una extraordinaria repugnancia antes de terminarlo; además, la inscripción no era ahora tan hermosa, sobre todo parecía haber mucho menos dorado, los trazos se demoraban, pálidos e inseguros; pero la letra resultó bastante grande. Era una J.; estaba casi terminada ya, cuando el artista, furioso, dió un puntapié contra la tumba y la tierra voló por los aires. Por fin comprendió K.; era muy tarde para pedir disculpas; con sus diez dedos escarbó en la tierra, que no le ofrecía ninguna resistencia; todo parecía preparado de antemano; sólo para disimular, habían colocado esa fina capa de tierra; inmediatamente se abrió debajo de él un gran hoyo, de empinadas paredes, en el cual K. impulsado por una suave corriente que lo colocó de espaldas, se hundió. Pero cuando ya lo recibía la impenetrable profundidad esforzándose todavía por erguir la cabeza, pudo ver su nombre que atravesaba rápidamente la lápida, con espléndidos adornos.

Encantado con esta visión, se despertó.

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Queridos, queridas, os deseo un estupendísimo fin de semana. Que la alegría nos inunde, que la felicidad nos alcance.

Os dejo una cancioncilla que da un buen rollito que pá qué: http://www.youtube.com/watch?v=DM2177pHMT0

diciembre 16, 2010

Ariadna

Archivado en: Actividades de nuestros amigos,Buenos días — valeriatittarelli @ 12:50 pm

¡Muy buenos días!

¿Qué tal ha amanecido el jueves? Frío, frío, refrío en Granada pero a mí me encanta, la sonrisa se te queda ahí, perenne, acunada por esa mezcla de sol luminoso y escarcha matutina, ¡qué placer, qué gusto! 

    Ariadna es un nombre de mujer. Original además. Sugerente. Dicen de ella que era bondadosa, muy santa. Hija de Minos, enamorada de Teseo, a quien proporcionó el ovillo de hilo para salir del laberinto después de matar al Minotauro.

¿Algo que ver con la Ariadna de este relato de Tino Pertierra? Mmmm.

HISTORIAS CON NOMBRE DE MUJER

“ARIADNA”

«Qué encanto de hombre. Qué derroche de vanidad la suya.  Me gusta compartir almohadas con egos tan hinchados que no se avergüenzan de mostrarlos. Gabriel se llamaba, y nunca olvidaré el primer beso: sabía a manzana con caramelo porque el muy astuto… ¿sabes qué hizo para descolocarme? Me llevó a una feria, me invitó a dulce de algodón, me subió a los coches de choque para aturdirme, a la noria para marearme y al tren de la bruja para conducirme a la perdición en una oscuridad que hizo descarrilar mi lascivia. Las malas lenguas hablan de él como un genio de la felonía, un turbio acaparador de la misantropía que no oculta su desdén hacia el mundo que le rodea, un experto en convertir la charcutería más obscena de la sociedad en atractivo chocolate: un mago de la publicidad y el marketing que sabe que acariciar no es sobar ni registrar ni hurgar ni aplastar. ¿Puedo confiar en ti?, le pregunté mientras compartíamos olas y arena en la orilla de un mar tan sosegado como sus ojos. Me sentía como una estrella fugaz en brazos de un experto cazador de lunas. Me enseñó la lengua, juguetón, y recordé que en ella se acumulaba el sabor de mi piel con una intensidad que nadie había conocido antes. Su dominio de la situación tenía demasiado empaque para alguien que estaba demasiado acostumbrada a dominar a hombres deseosos de arrancarme lo que yo me resistía a dar, niños de mamá que nunca consiguieron de mí nada más que migajas, por no decir saldos. No, dijo él, no me gusta que la gente que me gusta confíe en mí. Pasé el día siguiente en compañía de las musarañas, desbordada por su sinceridad y sintiéndome imbécil por el nudo en el estomago. Di por hecho que nunca tendría noticias de él pero a mediodía un mensajero me trajo un ramo de caléndulas y eléboros y un libro con todas las páginas en blanco salvo la primera: “La flor de la maravilla y una rosa de Navidad para que no olvides que tuvimos una noche de magia y pasión. Hasta nunca, amor”. Qué miserable, pensé, y sonreí halagada por su desdén».

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Anoche nos reunimos el Club de Lectura Pasapágina. Evidentemente, me he olvidado del dichoso cable donde guardo las instantáneas que lo demuestran, jajaja. Pero que sí, que nos reunimos. Y tertuliamos sobre “El tiempo mientras tanto” de Carmen Amoraga, que, para quien no lo sepa, se ha llevado 120.000€ en el último premio Planeta. Tertuliamos decía y dejamos nuestras impresiones sobre él.  Nuestra casi filóloga Carmen Córdoba apuntó los leismos; otras hablamos de algunas erratas en la edición y hubo unanimidad en una cosa: la tragedia que envuelve a los personajes. Para mí, concretamente, es el libro más deprimente que he leído nunca. Llega un momento en el que hasta te gustaría sublevarte y decirle a la autora, ayyy, Carmen, que pase algo bonito, jajaja.  Es un buen libro para decirte a ti mismo, jó, pues no me puedo quejar… porque la tragedia de este libro es común en ciertas vidas… Bien caracterizados los personajes, en esa desidia que no les deja actuar, que les priva de más ilusiones que las propias ilusiones que les atan a esas vidas desgraciadas…

Ya os dejé hace unos días unas frases que me gustaron mucho. Ahora os dejo otro pasaje (página 218):

“Lo de la impotencia le convertía en un ser débil, en un mierda que no podía superar el abandono de una mujer que era más vieja, más gorda, más fea que él. Había pensado en comprar Viagra pero le daba apuro pedírsela al médico y de internet no acababa de fiarse, así que se sentía condenado sin remedio. Se veía torpe, triste, avergonzado, y estaba convencido de que nunca sería capaz de recuperar la hombría. La hombría. Se reía al pensar en esa palabra. La ausencia de María José, la soledad, le había hecho comprender que realmente no había sido muy hombre antes. Vale, sí, había tenido una vida sexual muy activa, había cumplido casi todas las fantasías que un hombre suele tener (un trío, un cuarto oscuro, mujeres de distintas razas y cosas así), pero al final de la corrida (nunca mejor dicho) había acabado más solo que la una.

Él, que decía con orgullo que su mujer sólo le había enseñado a distinguir cuando un huevo no era fresco porque no flotaba en el agua de un vaso, se dio cuenta al quedarse sin ella de su enorme grado de estupidez al negarse a aprender lo más fácil, lo esencial: a querer, a que le quisieran, a ser un hombre, de verdad, íntegro, valiente, leal. No se empalmaba, cierto. Pero se consolaba pensando que la hombría no la había perdido porque realmente nunca fue un hombre, sino un niño que se hbaía resistido a crecer.”

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Curiosamente, llevo una racha leyendo libros en los que se narra a fondo las relaciones familiares. Otra muestra, ésta de “La recta intención” de Andrés Barba (Ed. Anagrama, página 20):

“Sin dejar de mirarles, pero al mismo tiempo como si no estuviera casi prestándoles atención, mamá se levantó del asiento, fue hasta Antonio y le dio una sonora bofetada.

“Vete a casa, hijo”, le dijo después, sin que se notara una brizna de ira en sus palabras, como si aquella bofetada hubiera sido un perfecto acto de justicia y el hecho de que se fuera a casa el único posible.

Ella pensaría después que siempre era igual con las personas con las que había convivido de forma habitual; parecía que no estaban allí, que eran casi invisibles, hasta que de pronto un acontecimiento aislado les daba peso real, esencia. De esa forma parecía que Antonio no había existido hasta entonces y que la bofetada de Mamá le había conferido una entidad descomunal.

Pero la escena no terminó allí. Antonio se marchó despacio, sin ninguna manifestación de rabia pero abriendo, con aquel modo tan inusual en él, la brecha de un rencor que nunca terminaría de curarse …”

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Pasaros por aquí, es decir, por el blog de Gemma Pellicer: http://megasoyyo.blogspot.com/. De un “Colador“  y una “Cama” de Cumbreño, Gemma ha hecho con maestría un gran malabarismo, “Cama colador“.

Por donde me he pasado yo, porque me he acordado de él, y realmente no sé la razón que me ha llevado a ello, es por el blog de Ginés S. Cutillas y me he releído algunos de sus micros. Ahí van (más, muchos más en su bitácora, http://www.ginescutillas.com/:

CONTRADICCIONES

Anoche llamaron al timbre a las tres de la mañana.
Deseé que fuera ella.
No abrí por si acaso.

BANDERA ROJA

Ella le echaba en cara que no la había despertado para ir a la playa, él argumentaba que se había dormido y que ir a la playa no era tan importante. Ella le amenazaba diciéndole que por cosas más tontas se rompían las parejas. Él la retaba a dejarlo. Ella le advirtió que no se lo dijera dos veces. Él se lo dijo dos y tres veces.
Fuera, seguía la lluvia.

LAS CASAS MUERTAS

(Este micro lleva una cita de Trinidad Gan: “Quien carga con su duda, carga con su infierno) 

Las parejas que agonizan sólo pueden escapar por las cremalleras que aparecen tras los rodapiés que unen las paredes y los suelos de las casas muertas.
Hay habitantes de estas prisiones que no las llegan a ver nunca, otros que las descubren cualquier día de limpieza pero no reúnen el valor suficiente para tirar de ellas y las cubren de nuevo con sus miserias, y otros –quizá quienes peor lo pasan-, que no paran de encontrárselas cada mañana detrás de los espejos del baño al buscar el cepillo de dientes.

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Para ir cerrando ya…:

1.-Una buena noticia de nuestro amigo Eduard Pascual

Hipercontento: “En el umbral de la muerte” está entre las cinco mejores novelas de género negro del año, y eso que no lleva ni un mes a la venta. Las votaciones de los lectores se realizan y recogen en la web del programa de radio “Llegir en Cas d’Incendi”, quien sortea un lote de libros entre los participantes en la encuesta. Las votaciones siguen abiertas. Seguid el enlace y buscar entre las diferentes categorías hasta “Categoría estrella: Mejor novela negra del 2010″

http://www.llegirencasdincendi.com/2009/12/aqui-teneis-los-cinco-finalistas-en.html

2.-Un micro de Tino Pertierra: “Brindemos por esta nueva catástrofe, dijo él mientras entrechocaban sus labios.”

y…  3.-Una magnífica canción: http://www.youtube.com/watch?v=EjAoBKagWQA

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¡A disfrutar del día!

Miles de besos, Valeria.

diciembre 15, 2010

Cuando menos piensas

Archivado en: Actividades de nuestros amigos,Buenos días,Mis letras — valeriatittarelli @ 11:19 am

       sale el sol.

¡Muy buenos días!

Hoy algo más de frío, ¿verdad? ¿Pero qué me decís de ese solecito que brilla hoy en Granada? Fantástico, acogedor, precioso, parece hecho a propósito para despedir a Enrique Morente. La capilla ardiente se instalará en el Teatro Isabel La Católica a partir de las 12.00h. Un último adiós a un grande.  Algunos de los que se acercarán por allí serán Luis García Montero (que leerá poemas de García Lorca) y Laura Lorca (que hará lo propio).

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Así, como quien no quiere la cosa… estamos en Navidad. Y comienzan a llegar felicitaciones de parte de los amigos. Por ejemplo, ésta de Ángeles Prieto Barba, con dedicatoria y tó:

Para mis amigos más queridos, Muy Feliz Navidad, con un pequeño cuento improvisado. Un poco de edulcorante navideño después de un año de vampiros, hombres lobo, hombres del saco, brujas, rubalcabas, momias, zombies, destripadores, trepanadores, controladores, alarmistas de toda laya y múltiples recortes sociales.

CUENTO MARINO DE NAVIDAD

Desde que la informática se adueñó del tiempo, y tantos amigos nuestros extraviaron sus vidas felices pendientes de una pantalla, nosotros decidimos reunirnos por la tarde todos los fines de semana. Y así seguimos acudiendo Norberto, Luis, Ángel y yo, de viernes a domingo, a la esquina izquierda del mirador de la playa como adoradores de Atón, atentos al último fulgor del sol escondiéndose en las aguas, mientras conversábamos de lo humano y lo divino, nuestras grandezas sin reconocer y el largo memorial de agravios que la sociedad merecía por no tratarnos como debiera, mientras esperábamos un rarísimo rayo verde en aquellas puestas, ese que anunciara el fin de nuestras desgracias. Pero durante la primera temporada, nunca olvidaremos que una viejecita descuidada y febril, a la siempre precedía un intenso olor a algas, nos acompañaba silenciosa en el espectáculo desde su silla de ruedas, arrebujadas las piernas en una manta. Anciana absorta que nunca hablaba, más bien se limitaba a sonreír mientras dirigía su mirada al horizonte y rara vez se fijaba en nosotros, ni tampoco participaba en nuestras conversaciones, salvo aquel día de diciembre en que Norberto, con motivo de su cumpleaños, apareció con una bandeja de pasteles navideños e irresistibles, con perfume a manzanas. Aunque tras ofrecérselos, aquella mujer aceptó coger uno para apenas mordisquearlo, despidiéndose luego de nosotros muy apresurada.
 
Es sólo que tres fines de semana después de constatar su ausencia y bromear sobre los dulces caseros de Norberto, pues acaso, con sus sabores intensos, espantara a la buena señora, que apareció Ángel demudado mostrándonos, al otro lado del arrecife, una silla de ruedas abandonada, con una manta encima, sobre la arena seca. Simple casualidad, señaló Norberto, restándole importancia, para asombrarse más tarde al descubrir que había cuatro pequeñas caracolas blancas justo sobre la esquina izquierda del mirador donde con ella nos encontrábamos. Y de inmediato cada uno de nosotros las agarramos, acercándonoslas a la oreja para así escuchar con las mismas no nuestras quejas, sino un oleaje intenso, aunque Norberto también perjurara haber oído una sola palabra: gracias. Caracolas que nos distrajeron ese día de contemplar la hermosa puesta de sol, con rayo verde incluido, y que se convirtieron muy pronto en nuestros fetiches inseparables, porque fue justo en la siguiente semana que Norberto logró publicar su primer libro, Luis conoció a su novia, a Ángel dejó de dolerle el costado y yo encontré trabajo, felices circunstancias que, con sorpresa y carcajadas, muy contentos celebramos. Aunque de la anciana, nunca más supimos.
 
Es por ello que, desde que la informática se adueñó del tiempo de los otros, nosotros seguimos reuniéndonos en la playa esta vez para buscar sirenas. Aunque también creemos en las hadas.

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Más Navidad. Éstas… pelín más macabras, jajaja. Mensaje de nuestro barbas, Julián Sánchez Caramazana:

¡¡¡¡FANTASÍA
                 TERROR
                               CIENCIA FICCIÓN
                                                          MIEDO…!!!!
                                                                        MICROCUENTOS…
 
UN INVIERNO SANGRIENTO Y MACABRO PARA LECTOR@S DEPORTISTAS DE RIESGO, AVENTURER@S Y VIAJER@S
 
VENIDOS DEL MIEDO (Ed. Páginas de Espuma)
 
PEDIDOS E INFORMACIÓN SOBRE OFERTAS Y OTROS TÍTULOS DEL AUTOR:
EJEMPLAR FIRMADO PERSONALMENTE. 15 euros + 5 euros de gastos de envío por correso postal urgente (ingreso en nº de cuenta que se facilitará y envío después de dicho ingreso).
 
EJEMPLARES A PUNTOS DE VENTA ONLINE, LIBRERÍAS Y TIENDAS ESPECIALIZADAS: 20% EN CONCEPTO DE MARGEN.
 
Julián Sánchez
TFNO: 629 007473
MAIL: jsperiodista@telefonica.net

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Y ya que vamos de cuento y de cosas que ocurren en Navidad, hoy os dejo uno mío, para que no se diga. Espero que lo disfrutéís:

EVIDENCIAS

Es evidente que me estás buscando las cosquillas, siseo mientras me fijo cuidadosamente en las diez chicas que tienes agregadas en tu caralibro.

La cosa tiene miga. O sea, que tienes la invitación para “ser mi amigo” desde hace una semana. Y no me admites. Pero el número de amiguitas que figura en tu perfil, sigue subiendo. Llámala intuición femenina, será sexto sentido o que mi ángel de la guardia está en acción, pero esa tal Liliana me tiene mosca. No tanto por lo guapetona que es, (que lo es la muy…), sino porque nunca me has hablado de ella, ni de refilón. Es una jodienda que no pueda ampliar su foto. La curiosidad me corroe. De la fea, de la malsana. Porque yo quiero saber. A ver, para empezar … ¿porque ellas están y yo no?. Está claro que novios no somos. Pero tampoco amigos-tema … ¿o sí?. ¿Los follamigos se van de compras juntos? ¿planean viajes? ¿compran un décimo de lotería de Navidad a medias a ver si les toca?. No, no somos de eso. Quizás seamos solo amigos, compartamos sábanas de vez en cuando y nos tengamos cierto cariño.

Pero es que amigos-amigos pues no, tampoco. Y te explico el porqué. Si fuera una buena amiga tuya, yo estaría en el facebook de las narices. No tendrías nada que ocultarme.

Además el tema es más peliagudo aún. Resulta que yo a esta historia virtual llevo apuntada desde hace meses. Lo típico, te invita una amiga y estás obligada a crearte el perfil, puse cuatro chorradas y ni me acordaba. Aquí está el quid de la cuestión. Fuiste tú, ¡sí!, tú, a preguntarme cómo iba el tema. Y eso, que me lo recordaste y me puse manos a la obra, actualicé mi perfil y te invité.

A ti el primero, claro. Imagínate la cara que se me quedó cuando la pantalla me dice que no puede ser. Que tú ya eres chico caralibro. Que como mucho te van a mandar un mensaje informándote de que quiero ser tu amiga. A estas alturas. Después de ocho meses. Sí, hemos tenido tiras y aflojas. Subidas y bajadas. Pero coño, Fran, ocho meses son ocho meses, ¿no?

Mal, muy mal que me quedo, claro. El siguiente paso es inevitable. Estás tú, pero ¿quién te acompaña? Y claro, no seré tu amiga, pero ese dato sí que lo suelta el invento del demonio ese. Y la primera, pero la primerica que me llama la atención es Liliana. Morenaza, sonrisa preciosa, labios carnosos … Dejo pasar los días. Bueno, uno solo, porque a la mañana siguiente vuelvo a mirar quién anda por tus amistades virtuales. Liliana sigue allí, ella, tan bella. Se han añadido un par de chicas más, pero, mira lo que te digo: que no me preocupan ni mijita. Pero Liliana … esa sí, que sí.

Quiero saber. Quiero que me admitas. Quiero leer qué leñes escribes en su pared, digo en su muro. Y, en caso necesario, desmonorarlo, ladrillo a ladrillo.

Porque aquí o allí, vamos, en la pantalla, hay tomate. Fijo. A mí la intuición no me falla.

Dejo pasar otro día. Sigues sin admitirme y ella sigue ahí, burlándose en mi cara con esa sonrisa pícara, como diciendo .. ¿jode, eh? La madre que la parió. Ella está, comparte algo contigo, mi amor. Y a mí me estás excluyendo. Malvado. Pérfido. No tienes corazón.

Al séptimo día la neurosis ha llegado a límites insospechados. Me tienta la idea de incurrir en delito. Bueno, a lo mejor si me pillaran sólo me pondrían una multa. ¿Y qué es una pequeña sanción comparada con la adrenalina de poder saber qué me ocultas de la tal Liliana? Me pongo a ello. Me creo un perfil nuevo en facebook. Como un tío, claro. Me invento un nombre, pongo una foto de Hugh Grant, indico estudios, procedencia, edad. Lo preparo todo. Busco a Liliana en la red. Encontrármela ahí me satisface tanto como un microrgasmo. Pero la chavala es lista y al ponerla en google sólo aparece su perfil, que es privado, pero nada más. Le escribo un mensaje. Algo así como: “hola, que tal, me apetece tener una linda amiga venezolana”. Ah, claro, he averiguado sin saber ni como, que la chica vive en Caracas. Y que es locutora de radio. Y que tiene 29 años, nueve menos que yo. Releo el mensaje una y otra vez. Es bastante light, seguro que ella ni responderá, me digo. Ha pasado ya una semana desde que intenté que fueras mi amigo, Fran. Tiempo suficiente para que tú te hubieses decidido a admitirme. ¿En qué estás pensando?

Mi mano derecha comienza a titubear encima del ratón del ordenador. Mi dedo corazón no hace más que darle a la ruedecilla, arriba y abajo. La tentación de tener algún tipo de contacto con Liliana es muy fuerte. Quiero conocerla, saber más. Si está en Caracas o aquí, en mi ciudad. Si es que vino de vacaciones y ya se fue. Cuanto tiempo ha pasado contigo, mi amor, mientras yo te compraba los regalos de Navidad. Si habéis respirado juntos alguna noche.

El dedo índice está febril. Quiere que pinche en la casilla de enviar. Me lo pienso. Si lo hago no hay vuelta atrás. Te necesito. Necesito que seas tú quien me informe sobre ella. Pero no me dices nada. Maldito facebook. Maldita Liliana. Maldito tú.

Descarto el mensaje, lo dejo en borradores. Prefiero no saber. Opto por esperar un poco más. Elijo creerte honesto. Creo que te mereces que crea en ti. Que no sospeche. Que no investigue. Pero qué ganas, qué ganas tengo de saber.

En ese momento me llaman del salón de estética, consiguiendo que deje de pensar en ti, durante algunos breves segundos. Pero al otro lado de la línea no hay buenas noticias. Resulta que tú, amor, le has dado el bono de rayos uva que te regalé en nochebuena a Liliana. Y mi amiga, la dueña del centro, me pregunta si estoy al tanto. Claro que sí, le digo. Es una amiga de mi Fran, de mi amor. No necesita autorización.

Envío el mensaje.

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Me despido por ahora con el anuncio de Freixenet. Que me ha gustado a mí ese “cuando menos lo piensas, sale el sol”. http://www.freixenetshakira.com/

PD: hoy, más que nunca, no os olvidéis de sonreír.

diciembre 14, 2010

¡Arriba!

Muy buenos días :) .

Raro comenzar este post con una sonrisa, cuando ayer se nos fue un grande, el poeta del flamenco. Una gran pérdida para Granada, para su gente, para el arte en general. Pero hay que seguir sonriendo, porque cuando lo haces, el universo te la devuelve con creces. Hoy, en el periódico Ideal, publican un soneto que Sabina le dedicó a Enrique Morente hace unos años.

A Enrique Morente (Joaquín Sabina)

Esa voz que se juega la vida
esos ojos llenando el vacío
esos dedos hurgando en la herida
esa liturgia del escalofrío

Ese orgullo que pide disculpas
ese sentarse para estar erguido
ese añejo sabor de la pulpa
visceral del limón del olvido

Esa revolución de la amargura
ese inventario de la mala suerte
ese tratado de la desmesura

Ese como, ese que, ese hasta cuando
ese pulso ganado a la muerte
ese Enrique Morente cantando

En el blog de Jorge Fernández Bustos, “Volandovengo“, hay otro homenaje, profundo, sincero, sentío… no dejéis de leerlo: http://volandovengo.blogia.com/2010/121301-enrique-morente.php

Descanse en paz.

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Hay otras formas de morir. Menos dramáticas en la forma, aunque puede que más honda o más duradera  en las consecuencias de quien la padece.

Palabras de Carmen Amoraga en “El tiempo mientras tanto“, página 179:

“Nadie se dio cuenta de que se había muerto un poco, que es como se muere cuando se muere por dentro y por fuera se sigue viviendo como si no hubiera ocurrido nada”.

                                               

De este libro hablaremos mañana en nuestra cita quincenal del Club de Lectura Pasapágina. Ya sabeís, a las 20.00h., todos en Valtí Viajes (C/Ángel nº 4, tlf 958993770).

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Más palabras subrayadas. Éstas de Andrés Barba en “La recta intención” (página 63):

“Se alejaba. Se alejaba ahora de la estupidez momentánea de aquel hombre viejo como de su propio dolor, lo miraba con el desagrado comprensible del erotismo o la debilidad ajena, y al mismo tiempo sentía la posibilidad de perdonarle como una grandeza no correspondida que alguien le estaba poniendo en bandeja”.

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Otras frases, éstas publicadas en Culturamas. Se trata del relato de “El castigo” de Marina Carretero y comienza así:

“Lo peor no es el castigo ni el dolor ni la muerte siquiera. Lo peor es la espera. Pasan las horas, pasan los días y las noches se mecen en la espera infinita de un castigo que ha de llegar, pero no llega. Y la culpa se hace cada vez más espesa, más áspera, más pesada, creciendo dentro, en el lugar donde el niño ya no lo hará.
Pero un día sucede, y el corazón siente miedo antes que alivio, pena antes que resignación, ganas, sólo ganas, de que la espera llegue a su fin.”

Aquí podeís leer el relato completo: http://www.culturamas.es/blog/2010/12/14/el-castigo-marina-carretero/ .

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     Norberto Luis Romero parece estar de acuerdo conmigo en algo: “no hay más ciego que el que no quiere ver”. Pero el post habla también de que nunca es tarde si la dicha es buena. Enhorabuena, Norberto, ¡te lo mereces!: http://wwwnorbertoluisromero.blogspot.com/

Y la que está de acuerdo con alguien ahora soy yo. Con las palabras de Menéndez Salmón, más concretamente:

“Poderes de la ficción” ha sido el título de una charla en la que el también licenciado en Filosofía por la Universidad de Oviedo ha elogiado la literatura en unos tiempos en los que en su opinión “no ocupa el papel tan preponderante que en otros tiempos históricos jugó“.

El artículo completo, aquí mismo: http://es.noticias.yahoo.com/9/20101213/ten-menendez-salmon-lamenta-que-el-intel-bbad18b.html

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MEMORIA HISTÓRICA

Llega la Navidad y te embarga irremediablemente la nostalgia. Quizá por eso ayer me di una vuelta por IoSonoValeria. Regresé a un diciembre, al del año 2007 y allí me encontré con:

- Miguel Ángel Zapata en “Más allá del colchón“: http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/29/perlas-literarias-32-miguel-angel-zapata/

- Ángel Olgoso y “Todas hieren“: http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/26/perlas-literarias-31-angel-olgoso/

-Beatriz Pérez Moreno y “Toda una vida“: http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/23/perlas-literarias-30-beatriz-perez-moreno/

-Carmen Córdoba y “Dime que me quieres” (qué bueno, hija…): http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/16/perlas-literarias-28-carmen-cordoba/

-Miguel Ángel Cáliz y “Aquel tipo” (!): http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/14/perlas-literarias-26-miguel-angel-caliz/

-José Bru y su “Escena conyugal” (sonrío): http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/13/perlas-literarias-24-jose-bru/

-El amigo Pep y su “Te quiero“: http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/13/un-post-muy-muy-especial/

-Cristina Monteoliva y la “Mala suerte“: http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/12/perlas-literarias-23-cristina-monteoliva/

-José Cruz Cabrerizo y “Bares, qué lugares“: http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/11/perlas-literarias-23-jose-cruz-cabrerizo/

-Cristina García Morales y sus “Dilemas urbanos“: http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/08/perlas-literarias-22-cristina-garcia-morales/

-Nina Melero pensando en “Más fácil de lo que pensaba“: http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/07/perlas-literarias-21-nina-melero/

-Víctor García Antón y “Amor del bueno” (que gran libro…): http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/02/perlas-literarias-20-victor-garcia-anton/ .

En ese agradable y meláncolico recorrido me reencontré también con muchassss fotos;  bellos encuentros y montones de canciones. Qué romántica andaba yo, ¿no?. Menudo historial:  Bon Jovi, Dire Straits, pasando por Jennifer López, Vanessa Paradis, Hombres G, Maná… qué batiburrillo (como yo, anda que no, jajaja)

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/01/%c2%a1%c2%a1muy-buenos-dias/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/02/buenos-dias-y-feliz-domingo/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/08/y-otra-mas/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/07/buenos-dias-6/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/06/buenos-dias-5/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/11/buenos-dias-8/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/10/quedan-14-dias/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/09/buenos-dias-y-%c2%a1fin-del-puente/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/08/buenos-dias-7/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/13/buenos-dias-si-si-ya-es-jueves/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/12/buenos-dias-9/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/17/buenos-dias-lunes-de-cielos-despejados-aqui-por-el-sur/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/15/buenos-dias-feliz-sabado/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/14/buenos-dias%c2%a1viernes/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/20/buenos-dias-ya-es-jueves/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/20/besos/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/19/buenos-dias-10/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/18/%c2%a1muy-buenos-dias/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/24/buenos-dias-un-lunes-especial/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/23/buenos-dias-y-feliz-domingo-2/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/22/muy-buenos-dias/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/21/%c2%a1%c2%a1-buenos-dias-ya-llego-el-viernes/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/31/ultimo-buenos-dias-del-ano/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/30/muy-buenos-dias-2/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/28/buenos-dias-ya-llego-el-viernes/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/27/%c2%a1%c2%a1-muy-buenos-dias/

http://valeriatittarelli.wordpress.com/2007/12/26/buenos-dias-buongiorno-good-morning-bonjour/

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En fin, chic@s, que el tiempo pasa y seguimos adelante. Sonriendo, siempre.

Que tengáis un buen día. Sed felices.

Miles de besos, Valeria.

PD: ¡Lavín que post más largo!

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