Vamos a ver quién se atreve a decir nombre del autor/a y título de los siguientes principios de novela / relato.
Vamos allá:
1.-No era grandullona, ni caderúa, ni trigueña exótica. No tenía ojos egipcios y las tetica no encajaban en los escotes. Contaba dieciocho años y era, como bien decía su amiga la Polaca, la querindanga de un funcionario de cincuenta y nueve. El titimaníaco (viejo con poder, cazador de titism es decir, pollitos, niñas; pedófilo en resumen) alquiló un cuarto con televisor ruso a color, prometió un vídeo a su regreso de un viaje al extranjero, y fue a buscarla en Lada a la escuela hasta que ella decidió abandonar los estudios para parecerse al mito de la B.B.
2.-El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata que cambia a menudo, veinte criados que cada ocho días ya no son los mismos, docenas y docenas de huéspedes que no se conocen, que se miran sin verse, que siempre son otros y que cada cual toma por los de la víspera.
3.-El tren se retrasó media hora y el camino desde la estación se hizo más largo de lo que había supuesto, de manera que cuando llegó a la casa los huéspedes se habían dispersado a fin de vestirse para la cena y lo condujeron directamente a su habitación. En aquel refugio las cortinas estaban corridas, las velas lucían encendidas, el fuego brillaba y, en cuanto el criado se apresuró a sacar la ropa de la maleta, aquel lugar pequeño y cómodo resultó atractivo: parecía una casa agradable, gente diversa, charlas, conocidos, afinidades, por no mencionar el ambiente cordial.