IoSonoValeria

Junio 5, 2008

¿Y por qué no habría de ser este un gran día?

Archivado en: Buenos días, Mis letras — valeriatittarelli @ 8:10 am

 Aún a sabiendas de que me expongo a una inmediata expulsión del IPG (léase Institutum Pataphysicum Granatensis) y al volteo estupefacto de algunos rostros queridos, plagio sin más miramientos el título de un relato que (aimè) me dedicó el excelente escritor Ángel Olgoso (y Rector Magníficum) en esa perla perlísima llamada Astrolabio (por si no lo sabes, nuevo navegante, la Editorial es Cuadernos del Vigía y el libro cuesta la irrisoria cifra de 12€. Y digo yo ¿a qué esperas a comprarlo?????????):

 

LA MUJER TRANSPARENTE

 

Había una vez una jovenzuela que casi, casi, casi rozaba la magnífica cifra de cuarenta años. A decir de los demás, era un ser de luz (gracias, M.A.), una persona “solar” (gracias, papá), perfume de existencia (gracias Julián), una alegría para los malos momentos (gracias yasabesquién), un relax para tormentas “almatorias” y etc., etc., etc.

Y sí señores, pese a velas negras, envidias correosas y pérfidas vibraciones emanadas del más acá (al más allá… dejémosle, que aún no tenemos confianza con él), así es efectivamente la jovenzuela.

A esta mujercita en parte infantil, en parte luchadora y en otra (ínfima) parte malafondinga granatensis de adopción, pocas cosas hay que le afecten.

Sí, bueno… está el amor… esa maravillosa, fantástica, carcometosa sensación de mariposas en el estómago, que de vez en cuando la tormenta (qué le vamos a hacer, ella es así, enamoradiza del amor); está la salud de los suyos, que le preocupa, vela por “ellas” (sí, tesoros, sois vosotras, jeje); está el trabajo remunerado al que hay que dedicarle tiempo y esfuerzo (y más en estos tiempos, ufff).

Pero casi, casi, casi nunca, el vil metal le preocupa. Y no es que la jovenzuela sea rica, ¡ni hablar! Es que ella es tan positiva, tan idealista, tan “seguro que salgo de esta”, que el dinero no entra dentro de sus aflicciones importantes.

Y por ello la mujer transparente (y sí, es tranparente, exprofe dixit) siguió adelante y siguió y siguió y pasaron los días, los meses y casi un año, cuando, héte aquí, que la mujercita sucumbe. Se derrota. La derrotan. Llega la declaración de la renta 2007.

La encara con ánimo, pensando que quizás, tal vez, con un poquillo de suerte, unos cientos de euros ingresarán en sus polvorientas arcas…

Pues NO. No sólo los sextercios no entrarán, sino que la módica cifra de diezmil euritos, (sí, has leído bien: 10.000€) tendrá que abonar esta chiquilla a las cuentas del Estado.

Y ella, entre lágrimas (no es para menos), se pregunta: ¿en qué momento cometí el pecado? ¿fue éste de tal índole que no existe fraccionamiento ad infinitum posible? ¿aprobará el banco una ampliación de la hipoteca? ¿llegará el amor mariano a tiempo para solicitar un préstamo menor? ¿deberá la jovenzuela engarzar collares de perlas falsas en horas nocturnas para pagar? ¿o quizás vender “manualidades” en el colegio de sus hijas? (princesa Valeria: si no estuvieses durmiendo, te comería a besos por la solidaridad demostrada a tu cortísima edad, mi amorrrr).

Pero llega la noche. Y la jovenzuela es nocturna. Alevosamente nocturna. Las tinieblas la animan. De hecho, mejor no llamarla a muy temprana hora. Podría bufar. O morder según el caso. Pero perdonad, que me desvío, que no es esa la historia.

Decíamos que llegaba la noche. Y la suavidad de las horas. Y los encuentros estelares.

Y entonces… ¡oh! De nuevo el vil metal regresa al limbo de las no preocupaciones.

Ella está segura de que sale de esta. Yo también.

 

Besos mil, amigos. Lo siento, tenía que contarlo!!!!

Valeria.

Mayo 29, 2008

“Currículum”

Archivado en: Mis letras — valeriatittarelli @ 9:09 am
 

“Curriculum”

 

Inteligente. Cualificada. Atractiva. Admirada.

Pero cuando la mariposa del amor revoloteó a su alrededor, se volvió humana.

PD: Otros posibles títulos: “Perfil del candidato” o “Vida laboral” (apuntados por el amigo y escritor Ginés S. Cutillas). ¿Qué opináis? ¿Alguna otra sugerencia?

Enero 12, 2008

Mis Letras: “Dietas al volante”

Archivado en: Mis letras — valeriatittarelli @ 9:32 am

Este ha sido mi primer (y espero que no último) relato premiado. Espero que os guste.

 “DIETAS AL VOLANTE”

La dieta me está devorando. El intelecto, quiero decir. ¿Cuántas neuronas dicen que tenemos las mujeres? ¿Dos? Pues el régimen me ha trastocado al menos una de ellas.

Si no, ¿cómo se explica que el Megane burdeos que tengo delatnte se haya transformado en una enorme tarta de arándanos que en lugar de tener ruedas, se desliza gracias a cuatro deliciosos donuts de chocolate?.

Por cierto que el Megane no se mueve y llevo más de diez minutos detrás de él; desde el cruce Recogidas - Martínez Campos más o menos. Nuevecito nuevecito y con los cristales tintados además, así que no puedo “acordarme” de todos los calvos al volante por si luego resulta ser un ejecutivo de melena engominada. No, si al final llegaremos tarde al colegio y eso que llevo desde las siete en pie, para tener tiempo de purgar mi estómago con la enésima infusión de hierbas antes de despertar a las niñas, darles el desayuno, vestirlas, prepararles la bolsita de cuadritos rosas y blancos con la merienda y salir pitando de casa.

¿Bajo qué conjuro asfáltico rodaba hoy mi coche?

Ah… por fin el semáforo cambia y el Megane se decide a arrancar y…y ¡no! Va a entrar en “mi” cochera. Las niñas llegan tarde hoy, fijo. Seguro que quien conduce el Megane burdeos es un hombre, que, ni está a dieta, ni ha despertado a sus retoños, ni ha luchado por embutirles en sus sosos uniformes grises, ni se ha purgado muy de mañana con una infusión. Seguro que le importa poco si hoy en la escuela es el día de la fruta o toca sandwich y por supuesto se tomará todo el tiempo del mundo en echar el freno de mano, sacar de la guantera la tarjeta de acceso al parking, introducirla en la ranura de la maquinita, escuchar el beep de “aceptado, puede ud. pasar”, recoger la tarjeta, volver a guardarla en la guantera, encender las luces, quitar el freno y deslizarse suavemente por la rampa, no se le vayan a fastidiar los amortiguadores de su recién estrenada máquina a motor. Y sí, por supuesto que encontrará aparcamiento en la primera planta, justo en mi plaza favorita, al ladito mismo de la puerta de salida, desde la que puedo salir zumbando en busca de las escaleras, en lugar de esperar estresada la llegada de ese ascensor decimonónico que no guarda memoria y siempre, siempre, pasa de largo en mi parada, ya esté yo esperandólo en el segundo, cuarto o quinto piso.

Desde luego el conductor del Megane burdeos no estará estresado porque a las nueve “o’ clock” cierren el portón de educación infantil y no tendrá que bajar la calle para llegar a la otra puerta, llamar al timbre y soportar la mirada displicente de la secretaria-portera que te regaña en silencio porque has vuelto a llegar tarde, porque le vas a pisar la escalera recién fregada, porque tus niñas se van a perder la asamblea de entrada, tan educativa y necesaria a tan tiernas edades.

Pero cabe otra posibilidad: que el conductor del Megane no consiga plaza en la primera planta y entonces se pasee a -5 km/h por los diversos niveles del parking, presentando la nueva adquisición al resto de cuádrupedos motorizados ya estacionados, hasta que encuentre “EL SITIO”, ese aparcamiento único y ansiado, privo de columnas y ausente de todoterrenos voraces que se comen la mitad de la plaza que queda enmedio, obligándote a subirte al capó, entaconada y con las niñas a la espalda.

Tampoco sabe nada ese conductor de las ganas que tenía yo de que ese coche no fuese un Megane burdeos, si no un Polo verde pistacho, el Polo de Juan Pineda, arquitecto y padre de una compañera de clase de mi hija la mayor. Un Polo mimado y limpio-limpísimo, tal y como había comprobado días atrás, durante un escarceo discreto ojeando en el interior del vehículo.

Si ese coche fuese el Polo pistacho de Juan Pineda, nuestras niñas se saludarían y por consiguiente nosotros también y esa mañana sería divina porque su “buenos días” profundo me recorrería íntima e indecorosamente. Entonces él, galante y caballeroso esperaría con la puerta de salida abierta, llamaría al ascensor (a él el aparato le haría caso, desde luego), yo le daría un poco de conversación a su pequeña y él con mano temblorosa apretaría el botón de planta calle y juntos recorreríamos los cien metros hasta la escuela y nos achucharíamos en la entrada con tantas madres y niños por doquier, como aquella otra vez en el ascensor que me rozó sin querer queriendo y yo no pude evitar pensar qué sensaciones me producirían esas manos de pianista acariciando mi nuca escondida tras la bufanda y …

No, no podía perderme todo eso por culpa de un estúpido Megane burdeos recién salido del concesionario, así que decidí tomar el atajo, bajar a la tercera planta saltándome dos tercios de la segunda, conduciendo contromano a toda velocidad unos cincuenta metros pero…¡ay! Un Fiat Punto está aparcando y tengo que frenar hasta que finalmente puedo colarme, acelero, giro y sin mirar encauzo la rampa de bajada a la tercera planta y… ¡mamá! Gritan las niñas y yo oigo un ruido de chatarra ferruginosa quejarse y… ¡no puedo creerlo! He ido a chocar precisamente con el Megane nuevecito y ahora el conductor se bajará hecho un energúmeno y las niñas se echarán a llorar y no, no puedo ni mirar a la figura masculina que se acerca…”niñas, tranquilas no ha pasado nada” les digo, bajando avergonzada la ventanilla y deseando que el hombre sea amable por una vez en su vida y no me humille allí delante de mis hijas y…

-Llegamos tarde ¿eh? - escucho mientras abro cabizbaja la puerta, para luego sorprenderme cara a cara con Juan Pineda, el arquitecto, que debe haberse comprado coche nuevo.

-¿Llevamos a las niñas y rellenamos el parte en el Alfaguara? - me consulta y yo pienso que se ha dado cuenta de que yo también desayuno allí, en la otra punta del bar, claro, y la perspectiva de compartir mesa, tostada integral y capuccino me deja sin habla, hasta que las niñas chillan “¡que llegamos tarde!” y yo me meto de nuevo en mi arrugado Corsa mientras considero que después de todo esa sí es una mañana divina porque sus palabras al cerrar mi puerta me acompañan:

-Por cierto…estás cambiada ¿verdad?.

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