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Mi diario de a bordo

Perla Literaria 47: Esteban Gutiérrez Gómez

5 comentarios

 Pepsi

A Pascual Bailón todo el mundo le llama Pepsi. Lo de Pepsi viene de hace años, de cuando Ramona criaba hijos como conejos y en casa había una decena de bocas que alimentar. Por entonces Pascual Bailón se bajaba del andamio corriendo y se colocaba el batín blanco con tres bolsillos y el gorro de medio lado, para recorrer voceando ¡Hay Pepsi fría! ¡Hay Pepsi fría!, cubo de zinc en mano, las gradas del Price, del Campo del Gas o de las Ventas.

Pepsi se acuerda de eso alguna vez, sobre todo cuando alicata. Lo sé porque de repente se queda parado, como pegado a las baldosas de la cocina cuando con el esparto quita la lechada y hace nevar. ¡Una para aquí! ¡Fresquita!, le grito y, al momento, vuelve en sí y menea la cabeza negando no sé qué.

Eso sí era trabajar, Pepsi, le digo.

Eso era una locura, me dice.

¿Y ahora qué?, le digo.

Ahora Coca-cola, me dice, como queriendo hacer raya con el pasado.

 

Pepsi hace tiempo que no sabe de Ramona, desde que se fugó con un argentino labiado que la llevó a conocer los mares del sur; y los conejos le huyeron en cuanto se hicieron mayores. Él sigue en el tajo, de siete a siete, categoría de oficial de segunda y sueldo de inmigrante ilegal, pero no le importa. Pepsi lo único que espera es que llegue la noche.

 

Alguna vez voy por allí, escondido al final de la sala para que no me vea. Peluca rizada, polvos de estrellas en los carrillos, pestañas de pantera, labios de vino y traje con mil volantes. Le oigo cantar imitando el acento gitano, y siento como verdaderos los golpes de pecho, el zapateo atronador, los giros desenfrenados, y la música del play-back que parece querer arañar los oídos. Aplaudo como un loco y arrastro a los de mí alrededor. Alguna vez arranco gritos de ¡Viva el Pepsi! Él mira sin ver al fondo de la sala, agacha la cabeza, sincero, y recoge en un abrazo imaginario la ovación, siempre corta, por la impaciente espera de los asiduos para que salga Tania y enseñe las tetas.

Por la mañana todo igual, paredes a enyesar. Si toca alicatado y se queda pegado le grito ¡Una para aquí! ¡Fresquita! y, al momento, Pepsi vuelve en sí y menea la cabeza negando no sé qué.

(Publicado en “El Laberinto de Noé”, Editorial La Tierra Hoy, año 2008)

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Autor: valeriatittarelli

Redactora freelance, community manager y bloguera. Investigación y generación de contenidos para redes sociales y blogs. Artículos, notas, reportajes.

5 pensamientos en “Perla Literaria 47: Esteban Gutiérrez Gómez

  1. “Pepsi” ganó un premio importante en un periódico nacional hace un par de años, pero nunca lo había dicho. Es un buen ejemplo de lo que contine El Laberinto de Noé. Otra vez gracias, Valeria.

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  2. Muy bueno este relato, como todos los que incluye el libro. He disfrutado mucho con el Laberinto de Noé. A parte de la historia central, un hilo conductor que te atrapa, tiene las “píldoras”. Cuentos impactantes, que no te dejan ajeno al papel en el que están escritos. Te hacen partícipe de la historia. Es un libro evolutivo, en el cual vas subiendo una escalera de caracol, con paradas insospechadas, transformaciones de personajes y un aderezo inigualable: la estructura del cuento esférico y el desafío de estilos. Lo recomiendo. Un saludo.

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  3. Este es sólo un ejemplo de lo te puedes encontrar en “El laberinto de Noé”. Es una novela hecha con pequeñas historias que forman un reto literario que te atrapa. El final sorprende. Os recomiendo su lectura si queréis disfrutar con algo diferente pero totalmente literario.

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  4. Tengo la suerte de haber leído ya unos cuantos relatos del libro. Y están muy bien. A ver si hay suerte con las ventas!!!

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  5. La verdad es que leído este relato y viendo los comentarios que habéis vertido sobre “el labenrinto de Noé” me han entrado muchas ganas de comprarlo. Tomo nota para mi siguiente visita a España; una de las cosas que más me hacen disfrutar es entrar en una librería.
    “Pepsi” es uno de esos relatos que atrapan por esa sencillez colmada de trasfondos. Hay mucha historia detrás de tan pocas palabras. Y eso es -además de estar muy bien escrito- lo bueno que tiene: el lector llena los huecos que se sugieren en la historia. Pienso, de todas formas, con con la transición de la pepsi a la bata de cola sería suficiente.
    Me ha gustado mucho. Mi enhorabuena al autor.

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