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Mi diario de a bordo

Feliz Viernes

2 comentarios

Como este bendito mes de noviembre se me está presentando pelín melancólico, os dejo un relato escrito hace cosa de año y medio. Nostalgias varias me hicieron sacarlo ayer del cajón (bueno, del disco duro de mi PC, que estamos en tiempos modernos…) y os lo dejo por aquí por si os apetece leerlo. Hoy de nuevo luce el sol. Espero que la luz del cielo de Granada os llegue allá donde esteís.

¡ FELIZ VIERNES !     http://es.youtube.com/watch?v=4SVUzcFkxF4      melancolia1

ESCALINATA

Consigo entrar. Con un poco de temor eso sí. Subir los escalones de ese escaparate que conforma la entrada de la discoteca constituye un desafío que no estoy del todo segura de querer abordar. Existe el riesgo real de que me encuentren demasiado mayor, o demasiado normal, o “sobrada” o simplemente del montón no adecuado…

Pero entro. De hecho, entramos. Mariana y yo. Las dos. Sin pretenderlo, a las bravas, nos fuimos calle Recogidas abajo hasta llegar. La visión de una veinteañera que lloriquea en la cima de la escalinata no nos hace desistir.

No contesto al saludo del portero – armario que está en la última frontera. En lugar de eso, bajo la mirada. Sí, no es cortés, pero en el fondo creo que si se fija mejor en mí igual se arrepiente y me descarta de entre los aspirantes a traspasar su barrera corporal. Pagamos la entrada. Un precio módico pese a todo. Díez euros, dos copas. Dejamos de lado la sala cañera y la del caribe. Vamos a nuestro ambiente, acordamos. Y bailamos, bailamos tanto, que creo que no nos divertíamos así desde nuestras escapadas adolescentes. Y ligamos.

Primero un lascivo personaje de mirada vidriosa que bien podía haberse quedado en su sitio. Después, ellos. Comienzan mal. Son tres y nosotras par, aunque tal vez así el cortejo resulte ser más interesante. Y así es. Al menos, hasta que uno pregunta lo de siempre. ¿Estudias o trabajas? Mariana y yo nos miramos. Un matrimonio, dos hijos cada una y la cosa sigue igual. ¿Estudias o trabajas? Decidimos tomarlo como un piropo. Cuarentonas y estudiando. Habría sido todo un éxito. Trabajamos, decimos, aunque no en qué. ¿Para qué? ¿Tiene sentido contarle a esos chicos cómo nos ganamos el pan? Creemos que no. Nos piden los nombres. Dudo un breve instante en si darles el de María, un nombre que usaba en mis tiempos de batalla. Pero no. Le digo el mío, el verdadero. Y luego una insistencia. ¿Sois de Graná? Pero ¿de aquí, de la ciudad? ¿En serio? Y yo miro a Mariana y ella ríe. No, dice ella, yo vivo en la costa y entonces el que me ha tocado, el que parece interesarse en mí, le pregunta señalándome: pero ella, ella sí es de aquí, ¿no? Podré volver a verla ¿eh?. Claro, si ella quiere, contesta Mariana sabiendo a ciegas que yo no querría ese segundo encuentro. ¿Por qué? ¿Para qué?. Y luego las edades. Que me la aciertes, venga, insiste mi pretendiente. Y lo hago; quiero decir que la adivino. Eres la primera, nadie lo consigue, no la aparento, me dice casi ofendido. Y yo le reto a lo mismo. No, que te enfadas, susurra receloso. No, le aseguro, me divierte. Y lo hace, la acierta. Me mira sorprendido. Quizás iba a decir más. Quizás piense si ha hecho bien en acercarse. Sea como sea, el chico cambia hábilmente de conversación.

Bailo salsa, me dice. Yo también, le contesto. Pero ¿bien?, recalca envalentonado. Le clavo la mirada. Eso tendría que demostrártelo con una canción, le desafío. En esta sala no ponen caribeño, replica afligido. Pídela al DJ, le sugiero. No me hará caso, seguro, protesta él.

De acuerdo. No importa. Pienso que es mejor así y se lo hago saber levantando levemente los hombros. Los tacones me están matando; quizás sea la hora de regresar a casa.

Momentos después el chavalito saca su móvil y me busca para retratarme. No la voy a colgar en ninguna web, me asegura. Y yo lo miro y pienso que no me importa lo que haga con mi imagen y me dejo hacer. Observo al resto del personal masculino que poco a poco ha ido llenando la sala.

Desde que nuestros tres admiradores están a nuestro lado, hay más miradas. Quizás piensen que estamos disponibles. Pero no, no lo estamos. Mariana casada y yo…yo, dejémoslo estar. El por qué no importa. El de la salsa abre una cajita. ¿Quieres?, me pregunta. No tomo drogas, le digo puntillando mi mirada en sus ojitos jóvenes, perplejos. ¡Eh! Que soy un chico sano. Sé lo que me está ofreciendo. Aliento fresco. ¿Pensará besarme? ¿Es por eso lo de las tiritas de menta?

Me imagino un revolcón de los buenos, de los de antes, en los reservados, sin pudor, sin vergüenza. Y no me veo. Un beso, solo un beso, pienso mientras veo que el chico al final se ha decidido a pedir la canción y se dirige hacia la cabina del DJ.

Le hago una señal a Mariana. Salúdadlo de mi parte, digo a los dos chicos que áun están a nuestro lado. No, ¡esperad! Un teléfono. Al menos eso, nos piden, como si conseguir nuestro número fuese un trofeo que portar a casa. Me invento uno, pero ellos saben, se dan cuenta. Venga, es para mi amigo, le gustas, dámelo, insiste el de menor estatura. Le sonrío, me acerco a él y le confío al oído: no puedo, aún no, lo siento.

No le estoy engañando. Pienso y creo en cada una de esas palabras. Aún no. Aún no es el momento. El amigo bajito me enseña su móvil. “La vida sin amor es media vida”, leo en su pantalla.

Eso hago, le digo. Vivo a medias. Vivo sin amor. Tal vez, un día... Me despido con una sonrisa y un beso al aire.

Mariana y yo regresamos a la escalinata de la entrada. Fuera una multitud atiende la criba de los porteros. Mi amiga y yo nos miramos. ¿Volvemos?, nos preguntamos sin hablar.

Y seguimos bajando.

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Autor: valeriatittarelli

Redactora freelance, community manager y bloguera. Investigación y generación de contenidos para redes sociales y blogs. Artículos, notas, reportajes.

2 pensamientos en “Feliz Viernes

  1. PUES ESO, LA MELANCOLIA… SON ESTOS DÍAS QUE TE LLEVAN A OTRO TIEMPO.
    ANIMO AMIGA.
    UN BESO ENORME Y NO ESTES TRISTES QUE ASÍ NO ME GUSTAS.
    TE QUIERO.

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  2. Gracias, preciosa. Yo también te quiero y me acuerdo mucho de ti. En estos momentos una se da cuenta de quién merece la pena o no. Eres un tesoro. Y por supuesto que esto va a cambiar, así no le gusto a nadie, ni siquiera a mí misma. En un par de días, nueva. Miles de besos para ti, Pepe y los niños.

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