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Mi diario de a bordo

Formas de comenzar el día II

5 comentarios

       Una se despierta un martes cualquiera a eso de las 7 de la mañana. Se queda un poco más en la cama; estas mañanas en Granada, entra por la ventana un frescor que hace muy apetecible acurrucarse entre sábanas. Abre al fin los ojos, inspira y se levanta. Mira el móvil y sonríe. Ánoche falló una llamada, pero a eso de las 2.30h de la madrugada recibió un sms. Igual es porque ese mensaje la hace retroceder en el tiempo y piensa que ¡ayyy! cómo le hubieran gustado a ella tener las 23 primaveras de la florecilla Carmen. Que tenerlos, los ventitrés años, los tuvo, pero … ¡dónde va a parar! Menuda diferencia, jajaja.

Luego los deberes: ducha, uniformes, desayunos, meriendas escolares. Recoge comidas, encierra libros y escritos en una bolsa y vuelve a sonreír. Piensa que la ventaja de tener una minibiblioteca nada ordenada es que, como le ocurrió anoche, te encuentras con libros de los que recuerdas poco o nada. O has olvidado la procedencia, de dónde vino el impulso de comprarlos. Incluso encuentras ejemplares dedicados, autográfos. Y algún relato propio. Vuelve a sonréir (horrorizada). Recuerda perfectamente los sentimientos allí incluidos, aquella tristeza. Piensa que igual, ahora, si los retomara, si elimimara palabras, si obviara frases, aquellos relatos podrían tener una oportunidad. Cree que podría intentarlo, y vuelve a sonreír.

Cuando se suma al tráfico, luce el sol. Llega a tiempo al colegio, desayuna un café negro, lee un poco, vuelve a sonreír. Camino del trabajo piensa si sería posible que los levantapersianas hubiesen actuado nuevamente. Se dice que no. Llega al local y, efectivamente, todo está en su lugar. Vuelve a sonreír. Una llamada consigue mantenerla de buen humor. Hoy va a ser un gran día, supone, y se decide a dejar estas palabras en su blog y a volcar otras ajenas para deleite de los que pasen hoy por aquí.

GÉNERO PROFESOR (de Teoría Literaria – Lírica)

José Luis Piquero en Monstruos Perfectos, Editorial Renacimiento

Nos enseñaba a odiar la poesía,

y estas fueron sus víctimas: tantísimos

tontos de facultad, muy licenciados

en cháchara semiótica.

Los logros

conseguidos (menos lectores, menos

competencia) aseguran el relevo

en la especie académica (o el pincho

de las 12 entre clase y seminario).

Suya no fue la culpa si le hicieron,

en un rapto de olvido, indispensable.

TEORÍA Y PRÁCTICA

(Francisco Gallardo Rodríguez, ganador ex-aequo de Relatos para leer en el Autobús -Málaga-, Ed. Cuadernos del Vigía)

Sigo pensando lo mismo y se lo voy a demostrar. Cuando usted esta tarde entró en el club lo hizo acompañado de un ajovencita de nueve o diez años. Diez años, bien. Su hija, ¿verdad? ¿No ha reparado usted, debido sin duda a lo exaltado de nuestra controversia, en que hace rato que no la ve? No se altere, por favor. Ya no tiene remedio. ¿Recuerda que hace más o menos treinta minutos me excusé y salí del reservado unos instantes? Pues bien, encontré a la niña absorta leyendo un cuento. Me acerqué en silencio y la estrangulé facilmente. Después me lavé las manos y volví a esta habitación con usted. Llámela, llámela todo lo que quiera, que no responderá. No, no se acerque, ya ve el revólver que tengo en la mano. Siéntese ahí, por favor y escuche con atención:

Hemos estado toda la tarde debatiendo el concepto de felicidad y de su ausencia. Yo defendía la idea de que al igual que se puede ser desdichado repentinamente, se puede ser feliz de la misma manera. Usted razonó, no sin cierta lógica, que si bien una desgracia inesperada, por ejemplo, nos puede precipitar de súbito al mar de la amargura y la desesperación, nunca, bajo ninguna circustancia, se puede ser feliz de inmediato, de un momento a otro. Para usted, por lo que he comprendido, la felicidad ha de ser el resultado final de un proceso de maduración personal, de equilibrio emocional, de confortable seguridad económica…

Por lo tanto, para demostrarle lo equivocado de su pensamiento he hecho dos cosas. En primer lugar, al asesinar a su hija, efectivamente, le he conducido de repente a la desesperación más desalmada, como sus lágrimas atestiguan le he apartado brutalmente de la paz y la tranquilidad…

Pero, en segundo lugar, al no haberla matado, impulso con energia su espíritu hacia la calma y la dicha, es decir, hacia la felicidad.¡Carolina! ¡Ya puedes salir de tu escondite, Carolina! El juego ha terminado. Eso es, besa a tu padre, lo merece. Ha pasado un mal trago.

Y ahora, después de este ejemplo práctico, ¿sigue pensando que no se puede ser feliz repentinamente?

TREINTA AÑOS ESPERÁNDOTE

(Belén Reyes, en “Lo del amor es un cuento”, Ed. Ópera Prima, 1999)

Treinta años esperándote. Haciendo el idiota. Ocupando el tiempo en ser niña, adolescente, adulta. Crecer según el calendario, y todas esas parafernalias de la vida. Treinta años despistándome, entreteniéndome, rellenando horas con esta silicona absurda de estar viva…

Cuando salí del coño de mi madre esperaba verte. Me puse a llorar de la mala leche que me entró cuando no te vi. Después me siguieron dando leche. Y después leches y leches…hasta ahora.

Se supone que yo tenía que nacer por quedar contigo en algún sitio. Ya no podíamos sostener tanto pensarnos y debía ser discreta.

Y qué mejor idea que la de venir a este mundo, que está lleno de gente.

A vece sme dan ganas de decirlo, de escupirlo conel pecho o dispararlo con mi cabeza. Y me digo, venga Belén, controla, que no te afecte nada. Tú estás aquí porque tienes una cita. Esto es puro trámite. Aguanta el tirón, cualquier día aparece… Pero acabas implicándote.

Estoy en una esquina extensa y difícil en donde me he citado contigo, y mientras llegas suceden muchas cosas… tal vez demasiadas.

¿Qué quieres ser de mayor?, me preguntaron cuando era un mico, y yo contesté: quiero ser pequeña. ¿Qué otra cosa puedo ser para seguir esperándote? Y no creas que resulta nada fácil, aquí se empeñan en estirarte la esencia como si de un chicle se tratara… Venga a masticarte por todos los sitios… ¡Ah!, pero eso sí, conmigo no pueden… Mi amor es más grande que sus juegos. Y además yo no soy como ellos, yo no he nacido porque me tocara nacer, yo he nacido porque he quedado contigo… ¿o no?

He sentido ganas de pirarme cientos de veces… Reconoce que tengo que estar un poco cabreada, porque citarme en este sitio tiene delito.

Llevo treinta esperándote… Y mientras tanto, me he sacado el carnet de conducir, el de identidad, tres muelas, dos nombres, y de la manga una carta en cada llanto… He conocido otros países de tierra, otros de carne. He subido al placer, a un avión. He subido a la sed, al dolor… Llevo treinta años haciéndolo.

Treinta años esperándote. Escribiendo tonterías, leyendo a gente que no conozco, cogiendo el metro, cogiendo borracheras, cogiendo cariño a seres que se escapan.

Lo del sexo me gusta, es el mejor medio de comunicación y el más barato. El orgasmo me recuerda los paisajes que abandoné para venir a buscarte. A veces me pregunto si me reconocerás con este estuche de carne en el que habito.

Te busco en los vagones y en las calles, en los ojos de mis amantes y en los libros. Te busco en cada trozo… Llevo treinta años haciéndolo.

Lo que más me jode es morirme y otra vez vuelta a empezar. Si hemos quedado, hemos quedado ¡hostias! Y si no… a ver qué coño hago yo en este mundo.

ENCUENTRO EN EL ASCENSOR (Vladimir Holan, traducción de Clara Janés, en Barcarola nº 68/69, año 2006)

Entramos en la cabina y estábamos allí solos los dos.

Nos miramos sin hacer otra cosa.

Dos vidas, un instante, la plenitud, la felicidad…

En el quinto piso ella bajó y yo, que continuaba,

comprendí que nunca más la volvería a ver,

que era un encuentro de una vez para siempre

y que aunque la hubiera seguido lo habría hecho como un muerto,

y que si ella se hubiera vuelto hacia mí

lo hubiera podido hacerlo desde el otro mundo.

MUERTE   (Vladimir Holan, traducción de Clara Janés, en Barcarola nº 68/69, año 2006)

La arrojaste de ti hace muchos años

y cerraste el lugar e intestaste olvidarlo todo.

Sabías que no estaba en la música, de modo que cantabas,

sabías que no estaba en el silencio, de modo que callabas,

sabías que no estaba en la soledad, de modo que estabas solo.

Pero, ¿qué puede haber sucedido hoy

para asustarte, como el que por la noche ve de pronto

un rayo de luz por debajo de la puerta de la habitación de al lado

donde no vive nadie desde hace muchos años?

****

Os deseo una jornada deliciosa. La cancioncilla está dedicada hoy especialmente para la señorita Carmen Córdoba, de parte de Antonio H.: http://www.youtube.com/watch?v=k_QAPjtO2cA&feature=related .

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Autor: valeriatittarelli

Redactora freelance, community manager y bloguera. Investigación y generación de contenidos para redes sociales y blogs. Artículos, notas, reportajes.

5 pensamientos en “Formas de comenzar el día II

  1. “Cuando se suma al tráfico, luce el sol”. Precioso, casi un tanka o un aforismo. Además, ofrece la doble perspectiva de que sea el protagonista o el sol el que se sume al tráfico.
    El poema de Piquero es de una belleza reposada, silenciosa, casi evanescente de tan cotidiana, pero debo añadir, por la parte que me toca, que entre pincho de las doce y seminario (Departamento en mi caso) hay toda una constelación de pequeños milagros por hacer, y que odiar o amar la poesía debe ser un acto volitivo, no una imposición por exceso de apasionamiento o tara de hastío docente. Hacen más daño a la poesía los malos poetas que castigan las rotativas (no en este caso, que me parece un autor notable) que los profesores desalentados: los segundos pasan, los primeros nos cuestan 11´50$ y medio centenar de páginas al averno de los libros funestos.
    …Y abrazos.

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  2. Y un fuerte abrazo (e incluso beso febril) a Florecilla por su onomástica. ¡Cuántas perspectivas con 23 años, se puede permitir hasta una elegante melancolía sin más motivos que el placer romántico de sentir! Felicidades, cara.

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  3. ¡Hola, zar!
    Piquero tiene otros poemas que me gustan mucho, como “Canción”, que mañana publicaré por aquí. Te entiendo en lo que a profesores se refiere; aunque sabes, sabemos, que hay profesores nefastos, que te hacen odiar la materia y otros que con su dedicación e interés consiguen atraparte en la asignatura, sea esta cálculo de integrales, latín o dibujo técnico.

    PD. me alegro de que te guste mi “cuando se suma al tráfico, luce el sol” . 🙂

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  4. Zar, me quedo con el beso que no está la vida como para malgastarlos y menos estos… pero no es mi cumple eh? Es solo una buena racha que Valeria quería celebrar jajaja. Un besote!

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  5. Valeria, corasao, no te dí las gracias ni a ti ni a Antonio H. por la canción, estaba emocionada porque ya la conocía y porque le tengo un cariño especial a esa canción. Antonio, has acertado muchísimo, gracias por el regalo. Por cierto, esta canción es una de las que “más buen rollo te meten en el cuerpo”, ¿es o no es?
    Un beso, ahora sí.

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