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Mi diario de a bordo

¡Feliz puente!

1 comentario

A los que se quedan, a los que se van, a los que tienen que escribir, a los que tienen que currar, a los que sólo les apetece descansar… ¡feliz puente! Que lo paseís estupendamente, que seaís felices, que aprovechéis para reencontraros a vosotros mismos, que leáis mucho,… Que viváis intensamente, en definitiva. :).

   Fotito del miércoles: libros y tapas, cómo no, jajaja, así sí que se está a gusto en un Club de Lectura…

Y seguro que esta tarde el público también sentirá genial en la presentación de Perversiones, en Librería Picasso (19.30h) o escuchando los relatos de Cris García Morales bajo los acordes de Diego Neuman, grandes colofones para un final de semana, ¿verdad?

Y tras el puente… ¿qué nos espera? Por lo pronto, una cita con la Poesía en el Palacio. Os dejo el mensaje llegado ayer:

                                                                                     JUEVES 9 DE DICIEMBRE
                                                                                               20.30 horas
                                                                    JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS
                                                                                                       en
                                                                                   POESÍA EN EL PALACIO
                                                                              Hospes Palacio de Los Patos
                                                                                    C/Solarillo de Gracia
                                                                                                Granada
Buenas noches:

Poesía en el Palacio regresa el próximo jueves 9 de diciembre, como siempre a las ocho y media de la tarde, para recibiros a todos después del largo “puente” que estamos a punto de disfrutar, para cerrar las sesiones de 2010 y prepararnos para empezar con más fuerza si cabe en enero próximo. Con esa intención hemos invitado al poeta salmantino JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS.

Juan Antonio González Iglesias (Salamanca, 1964) ha publicado La hermosura del héroe (1994, Premio Vicente Núñez), Esto es mi cuerpo (1997), Un ángulo me basta(2002, Premio Generación del 27), Olímpicas ( 2005) y Eros es más(2007, Premio Loewe). Esos cinco libros, además de uno inédito —Selva de fábula—  se reúnen en un volumen recién aparecido bajo el título Del lado del amor (Visor, 2010), que a modo de emblema renacentista busca dar un sentido único a todo lo que ha escrito.
Estudió en Salamanca, Florencia y París. Ha traducido a Ovidio, Catulo, Stendhal, Laughlin y Horacio. Durante una década ha sido colaborador  literario en ABC  y El País. Es profesor de filología clásica en la Universidad de Salamanca.

Para introducirnos en la obra del poeta invitado, contaremos -como es habitual- con otro poeta amigo, el italiano Daniel Cúndari.

Daniel Cúndari (Italia, 1983). Escribe en castellano, italiano y dialecto calabrés. Es autor de Cacagliùsi/Balbuzienti (2006 – Premio Guida Città di Praia a Mare), Il dolore dell’acqua (2007 – Premio Internazionale Tropea O. M. Speciale critica); Prótesis del alma (2008); Geografía feroz (2011).

Con tanta grata compañía, podemos aseguraros una velada poética a la altura de vuestras expectativas.
Os esperamos.

Saludos,
Javier Bozalongo

Os dejo un par de poemas de Juan Antonio, para abrir boca:

            Déjame que te abrace…

Déjame que te abrace, ahora que todavía
tu piel no lleva escritas las mentiras del mundo
y tus labios son sede sólo de la hermosura.
Porque sólo he querido ser bueno y verdadero,
y tú puedes hacerme,
déjame que te abrace.

Exceso de vida

Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte.
Pero lo que presiento no se parece en nada
a la común tristeza. Más bien es certidumbre
de la totalidad de mis días en este
mundo donde he podido encontrarme contigo.
De pronto tengo toda la impaciencia de todos
los que amaron y aman, la urgencia incompartible
de los enamorados. No quiero geografía
sino amor, es lo único que mi corazón sabe.
En mi vida no cabe este exceso de vida.
Mejor, si te dijera que medito las cosas
(fronteras y distancias) en los términos propios
de la resurrección, cuando nos alzaremos
sobre las coordenadas del tiempo y el espacio,
independientemente del mar que nos separa.
Sueño con el momento perfecto del abrazo
sin prisa, de los besos que quedaron sin darse.
sueño con que tu cuerpo vive junto a mi cuerpo
y espero la mañana en la que no habrá límites.

^^^^

¿Qué tal ahora una perversión? Ésta no tiene desperdicio:

BEODO (José Ángel Barrueco en “Perversiones”, Ed. Traspiés)

El borracho entró en su casa a las 5 de la madrugada.

Una vez desnudo y en el dormitorio, se deslizó entre las sábanas y, a pesar de la cogorza, se le puso dura al notar la proximidad de su mujer dormida. Ella, además, estaba en cueros. Empezó a masajear sus senos y a sobarle el clítoris y a lamerlo, sin hacer ruidos para no despertarla. El mareo derivado de la bebida lo hizo abandonar esas maniobras. Y entonces se dio cuenta de su frialdad. Le palpó el cuello: su mujer estaba muerta. Aún a oscuras, le abrió las piernas y empezó el fornicio. Tras eyacular encima, orinó sobre los senos, entre otras depravaciones. Al recuperar el resuello, dio la luz. Aquello no era su mujer: ni viva ni muerta. Lo que se había tirado era una muñeca de látex, una reproducción perfecta del cuerpo humano: con humedad en sus cavidades y sensaciones de piel al tacto. En ese instante se abrió recreándose en la trampa, con un revólver apuntándole al pecho. La mujer dijo:

“Hijoputa, ya te tengo. Siempre he sabido que me escondías tus perversiones. Pero ahora te vas a enterar: yo también follarme a un cadáver”.

Y apretó el gatillo.

(¿Un poco fuerte para estas horas de la mañana? Es que es viernessss :)).

^^^^

Vamos con algo más suave. Pasajes de “Mamá”, de Carol Joyce Oates:

Enamorarse. Los hombres no solían decir estas cosas, normalmente. O al menos no a mí. Yo tampoco decía estas cosas a los hombres. Normalmente. <Enamorarse> era una expresión sacada de alguna canción de blues de los años cuarenta en la que se lamenta este mismo hecho, vibrante y divertida pero que no hay que tomar en serio, como los tops de encaje rojo con hombreras cuadradas, las sandalias de tacón alto con tiras de cuero que se enrollan y atan a los tobillos, los peinados de discoteca. Enamorarse: el remate de un chiste”. (Pág. 137)

^^^^

“-¿Y tú qué Nikki? Me has hablado muy poco de ti.

¡Y tú qué Nikki! Me quedé sentada muy quieta, con la mente completamente en blanco.

Raras veces los hombres me preguntaban por mí. Como si la existencia de mi yo separado de la hembra sexy-coqueta que les miraba con ojos embelesados mientras les escuchaba no fuera gran cosa. Era una entrevistadora ideal, para hacer preguntas a los demás. Francamente, me gustaba que fuera así. ” (Pág. 139) 

****

Para terminar, un cuentito de Juan José Millás.

EL HOMBRE INVISIBLE (J.J. Millás en “Los objetos nos llaman“)

-Esta noche he soñado contigo, Clara.

-¿y qué soñaste?

-Que vendíamos muebles.

-¿Y qué más?

-Que nos peleábamos porque tú tenías la manía de atender a los clientes desde el interior de un armario de tres cuerpos. Yo te decía que los armarios no eran ataudes, ni siquiera ataúdes para viviso, y tú te enfadabas. Pero no nos podíamos separar porque habíamos firmado una hipoteca conjunta.

-¿Y el negocio iba bien?

-Creo que no iba bien por tu culpa.

-Qué raro, por mi culpa. Todo es siempre por mi culpa.

-No te pongas así, sólo era un sueño.

-Los sueños dicen la verad.

-Los sueños dicen disparates. ¿Tú atenderías desde dentro de un aramrio s los clientes si tuviéramos una tienda de muebles?

-No lo sé.

-Pues yo sí lo sé: no lo harías.

-A lo mejor sí.

-Entonces no cuentes conmigo para montar un negocio.

-Pues ya estás borrada.

-Gracias.

-De nada.

Las dos chicas se dieron la espalda. Trabajaban detrás de la barra del bar de un hotel en el que estuve hospedado un par de semanas. Todos los días, al caer la tarde, bajaba a tomarme una copa porque me gustaba ver a las chicas. Eran excelentes personas, muy atentas y muy sensatas también para su juventud. El hotel se encontraba en el centro de una ciudad gigantesca y pobre en la que casi todo era periferia. Calculé sus salarios y deduje que vivirían muy lejos del hotel. Las imaginé cenando en sus humildes casas después de haber pasado el día rodeadas de los lujos de un establecimiento con el que no desentonaban, pues iban siempre arregladísimas. A las siete de la tarde daban la impresión de que se acababan de duchar y de maquillar, pese a que llevaban sobre las espaldas, además de las horas de trabajo, el viaje agotador desde la periferia, quizá en metro, quizá en autobuses atestados de cuerpos sudorosos. Ellas no parecían fatigadas. Y eran como dos gemelas disímiles, pues aunque una llevaba el pelo largo y la otra corto, una era morena y la otra rubia, una seria y la otra alegre, estaban unidas por lazos invisibles, sutiles, misteriosos, que las convertían en gemelas, aunque ellas no lo supieran. Sus conversaciones solían versar sobre asuntos irreales. Más de una vez, al regresar a mi habitación, anotaba algunos fragmentos de estas conversaciones para utilizarlos luego en mis relatos. Eran excelentes dialoguistas. Un día estuvieron diez minutos discutiendo acerca de si era mejor ser rico y desgraciado que pobre y feliz. Llegaron a la conclusión de que era mejor ser rico y desgraciado  porque un rico desgraciado era diez veces veces más dichoso que un pobre feliz. Sabían contabilidad existencial.

-Los pobres – concluyó la morena- son pobres hasta en sus aspiraciones. Se conforman con nada.

A mí no me prestaban atención alguna. Era invisible para ellas. Hablaban en mi presencia como si no hubiera nadie delante, a lo que contribuía mucho mi actitud, pues o bien fingía leer un periódico o bien fingía leerme a mí mismo con la actitud de ensimismamiento que caracteriza a los bebedores solitarios.

El caso es que a partir de la discusiñon sobre el negocio de los muebles dejaron de hablarse. Ignoro cómo lo llevaban ellas, pero yo sufría lo indecible al observar aquel distanciamiento absurdo entre dos personas condenadas a quererse. Un día salí de mi invisibilidad y les dije:

-Esta noche he soñado con ustedes.

-¿Con nosotras? – preguntó la morena.

-¿Y qué ha soñado? – preguntó la rubia.

-He soñado que ponían un negocio juntas y que dejaban el hotel porque les iba muy bien.

-¿Y de qué era el negocio?

Dudé, pero decidí arriesgarme.

-Creo que era de muebles-dije-. Una de ustedes tenía la fijación con los armarios de tres cuerpos.

Las chicas se miraron y soltaron una carcajada que yo hice como que no entendía. Al rato estaban hablándose de nuevo, haciendo planes para el próximo fin de semana, quizá para los próximos años. Yo regresé a mi invisibilidad.” 

^^^^^

Esto es todo chicos. Lo dicho, feliz puente y que las letras os acompañen. Y la fuerza, y el amor, y las sonrisas y…

Miles de besos,

Valeria.

lalalá

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Autor: valeriatittarelli

Redactora freelance, community manager y bloguera. Investigación y generación de contenidos para redes sociales y blogs. Artículos, notas, reportajes.

Un pensamiento en “¡Feliz puente!

  1. Hola

    Mi nombre es Paulina y soy administradora de un directorio de webs/blogs. Me ha gustado mucho tu blog Personal. Quisiera intercambiar enlaces. Puedo agregar tu blog en mi directorio para que así mis visitantes puedan visitarlo tambien.

    Si te interesa, escribeme al mail: paulina.cortez@hotmail.cl

    Saludos
    Pau

    Me gusta

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