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Mi diario de a bordo

Ariadna

7 comentarios

¡Muy buenos días!

¿Qué tal ha amanecido el jueves? Frío, frío, refrío en Granada pero a mí me encanta, la sonrisa se te queda ahí, perenne, acunada por esa mezcla de sol luminoso y escarcha matutina, ¡qué placer, qué gusto! 

    Ariadna es un nombre de mujer. Original además. Sugerente. Dicen de ella que era bondadosa, muy santa. Hija de Minos, enamorada de Teseo, a quien proporcionó el ovillo de hilo para salir del laberinto después de matar al Minotauro.

¿Algo que ver con la Ariadna de este relato de Tino Pertierra? Mmmm.

HISTORIAS CON NOMBRE DE MUJER

“ARIADNA”

«Qué encanto de hombre. Qué derroche de vanidad la suya.  Me gusta compartir almohadas con egos tan hinchados que no se avergüenzan de mostrarlos. Gabriel se llamaba, y nunca olvidaré el primer beso: sabía a manzana con caramelo porque el muy astuto… ¿sabes qué hizo para descolocarme? Me llevó a una feria, me invitó a dulce de algodón, me subió a los coches de choque para aturdirme, a la noria para marearme y al tren de la bruja para conducirme a la perdición en una oscuridad que hizo descarrilar mi lascivia. Las malas lenguas hablan de él como un genio de la felonía, un turbio acaparador de la misantropía que no oculta su desdén hacia el mundo que le rodea, un experto en convertir la charcutería más obscena de la sociedad en atractivo chocolate: un mago de la publicidad y el marketing que sabe que acariciar no es sobar ni registrar ni hurgar ni aplastar. ¿Puedo confiar en ti?, le pregunté mientras compartíamos olas y arena en la orilla de un mar tan sosegado como sus ojos. Me sentía como una estrella fugaz en brazos de un experto cazador de lunas. Me enseñó la lengua, juguetón, y recordé que en ella se acumulaba el sabor de mi piel con una intensidad que nadie había conocido antes. Su dominio de la situación tenía demasiado empaque para alguien que estaba demasiado acostumbrada a dominar a hombres deseosos de arrancarme lo que yo me resistía a dar, niños de mamá que nunca consiguieron de mí nada más que migajas, por no decir saldos. No, dijo él, no me gusta que la gente que me gusta confíe en mí. Pasé el día siguiente en compañía de las musarañas, desbordada por su sinceridad y sintiéndome imbécil por el nudo en el estomago. Di por hecho que nunca tendría noticias de él pero a mediodía un mensajero me trajo un ramo de caléndulas y eléboros y un libro con todas las páginas en blanco salvo la primera: “La flor de la maravilla y una rosa de Navidad para que no olvides que tuvimos una noche de magia y pasión. Hasta nunca, amor”. Qué miserable, pensé, y sonreí halagada por su desdén».

****

Anoche nos reunimos el Club de Lectura Pasapágina. Evidentemente, me he olvidado del dichoso cable donde guardo las instantáneas que lo demuestran, jajaja. Pero que sí, que nos reunimos. Y tertuliamos sobre “El tiempo mientras tanto” de Carmen Amoraga, que, para quien no lo sepa, se ha llevado 120.000€ en el último premio Planeta. Tertuliamos decía y dejamos nuestras impresiones sobre él.  Nuestra casi filóloga Carmen Córdoba apuntó los leismos; otras hablamos de algunas erratas en la edición y hubo unanimidad en una cosa: la tragedia que envuelve a los personajes. Para mí, concretamente, es el libro más deprimente que he leído nunca. Llega un momento en el que hasta te gustaría sublevarte y decirle a la autora, ayyy, Carmen, que pase algo bonito, jajaja.  Es un buen libro para decirte a ti mismo, jó, pues no me puedo quejar… porque la tragedia de este libro es común en ciertas vidas… Bien caracterizados los personajes, en esa desidia que no les deja actuar, que les priva de más ilusiones que las propias ilusiones que les atan a esas vidas desgraciadas…

Ya os dejé hace unos días unas frases que me gustaron mucho. Ahora os dejo otro pasaje (página 218):

“Lo de la impotencia le convertía en un ser débil, en un mierda que no podía superar el abandono de una mujer que era más vieja, más gorda, más fea que él. Había pensado en comprar Viagra pero le daba apuro pedírsela al médico y de internet no acababa de fiarse, así que se sentía condenado sin remedio. Se veía torpe, triste, avergonzado, y estaba convencido de que nunca sería capaz de recuperar la hombría. La hombría. Se reía al pensar en esa palabra. La ausencia de María José, la soledad, le había hecho comprender que realmente no había sido muy hombre antes. Vale, sí, había tenido una vida sexual muy activa, había cumplido casi todas las fantasías que un hombre suele tener (un trío, un cuarto oscuro, mujeres de distintas razas y cosas así), pero al final de la corrida (nunca mejor dicho) había acabado más solo que la una.

Él, que decía con orgullo que su mujer sólo le había enseñado a distinguir cuando un huevo no era fresco porque no flotaba en el agua de un vaso, se dio cuenta al quedarse sin ella de su enorme grado de estupidez al negarse a aprender lo más fácil, lo esencial: a querer, a que le quisieran, a ser un hombre, de verdad, íntegro, valiente, leal. No se empalmaba, cierto. Pero se consolaba pensando que la hombría no la había perdido porque realmente nunca fue un hombre, sino un niño que se hbaía resistido a crecer.”

****

Curiosamente, llevo una racha leyendo libros en los que se narra a fondo las relaciones familiares. Otra muestra, ésta de “La recta intención” de Andrés Barba (Ed. Anagrama, página 20):

“Sin dejar de mirarles, pero al mismo tiempo como si no estuviera casi prestándoles atención, mamá se levantó del asiento, fue hasta Antonio y le dio una sonora bofetada.

“Vete a casa, hijo”, le dijo después, sin que se notara una brizna de ira en sus palabras, como si aquella bofetada hubiera sido un perfecto acto de justicia y el hecho de que se fuera a casa el único posible.

Ella pensaría después que siempre era igual con las personas con las que había convivido de forma habitual; parecía que no estaban allí, que eran casi invisibles, hasta que de pronto un acontecimiento aislado les daba peso real, esencia. De esa forma parecía que Antonio no había existido hasta entonces y que la bofetada de Mamá le había conferido una entidad descomunal.

Pero la escena no terminó allí. Antonio se marchó despacio, sin ninguna manifestación de rabia pero abriendo, con aquel modo tan inusual en él, la brecha de un rencor que nunca terminaría de curarse …”

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Pasaros por aquí, es decir, por el blog de Gemma Pellicer: http://megasoyyo.blogspot.com/. De un “Colador”  y una “Cama” de Cumbreño, Gemma ha hecho con maestría un gran malabarismo, “Cama colador“.

Por donde me he pasado yo, porque me he acordado de él, y realmente no sé la razón que me ha llevado a ello, es por el blog de Ginés S. Cutillas y me he releído algunos de sus micros. Ahí van (más, muchos más en su bitácora, http://www.ginescutillas.com/:

CONTRADICCIONES

Anoche llamaron al timbre a las tres de la mañana.
Deseé que fuera ella.
No abrí por si acaso.

BANDERA ROJA

Ella le echaba en cara que no la había despertado para ir a la playa, él argumentaba que se había dormido y que ir a la playa no era tan importante. Ella le amenazaba diciéndole que por cosas más tontas se rompían las parejas. Él la retaba a dejarlo. Ella le advirtió que no se lo dijera dos veces. Él se lo dijo dos y tres veces.
Fuera, seguía la lluvia.

LAS CASAS MUERTAS

(Este micro lleva una cita de Trinidad Gan: “Quien carga con su duda, carga con su infierno) 

Las parejas que agonizan sólo pueden escapar por las cremalleras que aparecen tras los rodapiés que unen las paredes y los suelos de las casas muertas.
Hay habitantes de estas prisiones que no las llegan a ver nunca, otros que las descubren cualquier día de limpieza pero no reúnen el valor suficiente para tirar de ellas y las cubren de nuevo con sus miserias, y otros –quizá quienes peor lo pasan-, que no paran de encontrárselas cada mañana detrás de los espejos del baño al buscar el cepillo de dientes.

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Para ir cerrando ya…:

1.-Una buena noticia de nuestro amigo Eduard Pascual

Hipercontento: “En el umbral de la muerte” está entre las cinco mejores novelas de género negro del año, y eso que no lleva ni un mes a la venta. Las votaciones de los lectores se realizan y recogen en la web del programa de radio “Llegir en Cas d’Incendi”, quien sortea un lote de libros entre los participantes en la encuesta. Las votaciones siguen abiertas. Seguid el enlace y buscar entre las diferentes categorías hasta “Categoría estrella: Mejor novela negra del 2010”

http://www.llegirencasdincendi.com/2009/12/aqui-teneis-los-cinco-finalistas-en.html

2.-Un micro de Tino Pertierra: “Brindemos por esta nueva catástrofe, dijo él mientras entrechocaban sus labios.”

y…  3.-Una magnífica canción: http://www.youtube.com/watch?v=EjAoBKagWQA

****
¡A disfrutar del día!

Miles de besos, Valeria.

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Autor: valeriatittarelli

Redactora freelance, community manager y bloguera. Investigación y generación de contenidos para redes sociales y blogs. Artículos, notas, reportajes.

7 pensamientos en “Ariadna

  1. Carmen Amoraga dices, ¿no? ¿De qué me suena a mí? ¿No es ésa la que pasa de la Academia como de comer un jugoso plato de mierda? Debería comerse su novela. Y Planeta su premio y su jurado.
    Ea.
    Besito de frescos buenos días!

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  2. Jajajajjaa, y eso que te tengo en la mesa de al ladooooooooooooooooo.

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  3. jajajajaja en la mesa de al lado quisiera yo tener al jurado del premio ese! Vamos, vamos, vamos…

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  4. Exageráaaaa.

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  5. En tu mirada siempre hay sospechas, querida (sonrío vivazmente)

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  6. El tiempo mientras tanto pasó para Carmen Amoraga, sin que de sus manos saliera ni una sola línea potable, ni un solo euro de su bolsillo. Y eso.

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