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Mi diario de a bordo

Ya toca…

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¡Muy buenos días!

Pues eso … que ya toca felicitar estas fiestas, ¿no? Que estamos en plena recta, jajaja. Qué poquito queda para que Papa Noël deje sus regalitos debajo del árbol. ¿Me traerá algo a mí? Que he sido muyyyyyyyyyyy buena :). A ver, a ver… ¡esperaremos!

Mientras tanto, ¿quereís leer una reseña? Mmmm, ¿qué os parece ésta sobre “La señora de rojo” de Antonio Ortuño? El autor de la crítica es Miguel Baquero:

Os dejo el comienzo, pero hay que hacer click aquí http://www.culturamas.es/blog/2010/12/21/la-senora-rojo-de-antonio-ortuno/?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+Culturamas+%28Culturamas%29    para leerla completica:

“La señora Rojo”, el cuento que da título a esta colección de relatos, ejemplifica en gran medida el tono general del libro: la señora Rojo es una enorme tortuga que ha venido a morir en el jardín del protagonista, quien, paralizado por lo absurdo, o mejor, lo insólito de la situación, no se decide ni por curar al animal ni tampoco por liquidarlo.
Se trata de una línea literaria en que lo cotidiano se lleva a sus últimos extremos, al extremo quizás de lo delirante, pero sin caer en lo irracional o en lo imposible. Es una línea de concebir y de llevar la realidad hasta el punto donde no se alcanza a discernir si lo que ocurre es verosímil y podría suceder o es imposible que ocurra y por qué razón. Es en esta línea donde se están desenvolviendo últimamente los cuentistas y donde el texto alcanza unos méritos mayores.

Ya que estamos en Navidad, lo suyo es leer un cuento clásico. Aquí está:

CUENTO (Arthur Rimbaud)

«Un príncipe estaba molesto por haberse dedicado únicamente a la perfección de generosidades vulgares. Preveía asombrosas revoluciones del amor y sospechaba que sus mujeres podían dar algo más que esa complacencia adornada de cielo y de lujo. Él quería ver la verdad, la hora del deseo y de la satisfacción esenciales. Fuese o no una aberración de la piedad, lo quiso. Al menos poseía un poder humano bastante amplio.

Todas las mujeres que lo conocieron fueron asesinadas. ¡Qué exilio del jardín de la belleza! Bajo el sable, ellas lo bendijeron. No pidió mujeres nuevas. Ellas resurgieron.

Mató a cuantos le seguían, después de la caza o de las libaciones. Todos le siguieron.

Se entretuvo degollando animales lujosos. Ordenó incendiar palacios. Arrollaba a las personas y las descuartizaba. La multitud, las techumbres doradas, los bellos animales seguían existiendo.

¡Cómo puede uno extasiarse ante la destrucción, rejuvenecerse por medio de la crueldad! El pueblo no murmuró. Nadie contribuyó con su opinión.

Una noche el príncipe galopaba altivo. Apareció un Genio, de una belleza inefable, inconfesable incluso. ¡De su fisonomía y su porte emanaba la promesa de un amor múltiple y complejo! Una felicidad inexpresable, ¡casi insoportable! El Príncipe y el Genio se destruyeron probablemente en salud esencial. ¿Cómo no hubieran podido no morir? Juntos, pues, murieron.

Mas el Príncipe falleció, en su palacio, a una edad corriente. El Príncipe era el Genio. El Genio era el Príncipe.

La música sabia se abstiene de nuestro deseo».

****

Mañana movida.

Besos mil, Valeria

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Autor: valeriatittarelli

Redactora freelance, community manager y bloguera. Investigación y generación de contenidos para redes sociales y blogs. Artículos, notas, reportajes.

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