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Mi diario de a bordo

Televisiva

7 comentarios

¡Muy buenos días!

Al fin juevessss. Qué nervios ayer, jajaja. Eso de que nos hagan un reportaje, las cámaras, la entrevista… Menos mal que como siempre había Lambrusco para amenizar la velada y poco a poco nos relajamos. Habrá que esperar al martes, que será cuando se emitirá el programa a eso de las 23h en TG7. Cuando pueda colgaré el enlace, para los que no estaís cerca :). Desde aquí agradezco a Dani Rodríguez Moya y a Lola el estupendo trato que nos dieron.

Tras la grabación, comenzó el Club de Lectura Pasapágina. Se debatió brevemente sobre “Mamá” de Carol Joyce Oates y se determinó la nueva lectura quincenal. Hasta tres votaciones se realizaron, con dos títulos pujando por ser el elegido. “El sueño del Celta” de Vargas Llosa y “Sé lo que estás pensando” de John Verdon. Ganó el thriller de Verdon, así que nos espera intriga de la buena en los próximos días.

   

****

Pasemos a otras cuestiones. Esta mañana vamos a comenzar con poesía y no con una cualquiera. Le toca a Fernando Pessoa:

  He pasado toda la noche sin dormir, viendo…

He pasado toda la noche sin dormir, viendo,
sin espacio tu figura.
Y viéndola siempre de maneras diferentes
de como ella me parece.
Hago pensamientos con el recuerdo de lo que
es ella cuando me habla,
y en cada pensamiento cambia ella de acuerdo
con su semejanza.
Amar es pensar.
Y yo casi me olvido de sentir sólo pensando en ella.
No sé bien lo que quiero, incluso de ella, y no
pienso más que en ella.
Tengo una gran distracción animada.
Cuando deseo encontrarla
casi prefiero no encontrarla,
Para no tener que dejarla luego.
No sé bien lo que quiero, ni quiero saber lo que
quiero. Quiero tan solo
Pensar en ella.
Nada le pido a nadie, ni a ella, sino pensar.

Versión de Teodoro Llorente

 Oda      (*)

Para ser grande, sé entero: nada
Tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
En lo mínimo que hagas,
Por eso la luna brilla toda
En cada lago, porque alta vive.

(*)  De heterónimo Ricardo Reis

       ¿Por qué Pessoa? ¿Por qué precisamente esta mañana? ¡¡Pues porque mañana marcho a Lisboa!! Lo que me gusta a mí un viaje, jajajjaa. Habrá que hacer una ruta literaria por esa ciudad encantadora, tan retro, tan marinera; si todo va bien, el martes habrá reportaje fotográfico.

Y un par de días después… más poesía, porque el jueves 20 de enero tenemos una nueva cita con el ciclo “Poesía en el Palacio“. Será a las 20.30h y el poeta invitado es Eduardo García. Os dejaré más detalles la próxima semana.

 ****

        Proseemos. Hace un par de meses os anuncié la salida del libro de relatos de Alfonso Montoro, “Igual el amor que la locura”. Bien, pues Alfonso ha sido muy amable en prestarme sus letras, que aquí os dejo para que le conozcáis algo más:

CUANDO LLEGABA EL OTOÑO

“Arsenio siempre fue algo callado; sólo me comentó que todo sucedió repentinamente y que una banderola roja no sindicaría el desvío a tomar. Un par de kilómetros después, un trapo roído y de un rojo sucio, que colgaba de una varilla oxidada, nos servía como mojón para disuadirnos de torcer a la izquierda, donde tomamos una calamitosa vereda repleta de piedras que saltaban a su paso y que nos acompañaban, ya en primera marcha, hasta ver, a lo lejos, la silueta de aquella casita de campo sobre una pequeña cima.

-Está en el dormitorio – dijo el tío Arsenio-. Vendremos a recogerlo mañana por la mañana.

Y así me quedé, en mitad de un despoblado extremeño, rodeado de indolentes encinas y restos de lo que en otra época tuvieron que ser establos, graneros y caballerizas; con mis pies hundidos en un benigno y desigual forraje de hierba que me hacía sentir cómodo. Caminé dirección a la casa donde él se encontraba. El fresco e insistente zumbido del viento y balar del ganado se fundían con los chillidos que las verjas y portones emitían al abrirse o cerrarse. Entré por la puerta principal de la vivienda, lóbrega: un olor a polvo húmedo reposado me saludaba al inspeccionar las habitaciones que, desangeladas unas o bien repletas de trastos y antiguas revistas apiladas otras, me iban conduciendo al dormitorio en el que estaba sobre un camastro, pantalón de percal, camisa, chaleco y botines, el cadáver de mi abuelo. Allí, en la pared rugosa, un crucifijo desnudo, dos silletas en sendos rincones; y sobre una mesa pegada a la cama, un flexo de latón. Había una alacena con figuritas a uncostado y una pesada tinaja; junto a la pata de la cama, un orinal vacío, con un asa metálica agarrada por enormes tornillos que sobresalían. Hace tres años lo dejó a su amada Luisa. Ni quiso ir a su entierro, ni podía ver las calles que se la traían a la memoria, que le secaban la boca nada más verla llegar. Cerca de ella estuve dos o tres veces, pero no se atrevió, me dijo. Qué le daba ya a estas alturas de su vida, sólo le bastaba con saber que ella existía.

Me cargué el cadáver a la espalda para llevarlo junto a un acharca que había cerca de la casa y a la que tanto solía ir. La barba de cuatro días del viejo Antolín me raspaba como una lija detrás de la oreja y, si lo imaginaba, sus labios de tabaco parecían susurrar. Ambos nos sentamos allí mirando el firmamento. Un mastín se acercó a paso lento hacia nosotros; me figuré que sería la última adquisición del viejo. Tenía un ojo vaciado a juego con una cicatriz que le atrevesaba todo el hocico y una expresión pesarosa… Se colocó junto a las piernas colgantes del abuelo, le acaricié casi sin darme cuenta, hasta que las yemas de mis dedos empezaron a hacerlo también sobre los cuerpos, como habichuelas, de varias garrapatas incrustradas en la cabeza; pero no me importó, y las seguí acariciando.

Nos quedamos allí durante horas, inmóviles, con el gesto alzado, sintiendo cómo el aliento del aire fresco de los nubarrones, cada vez más cercanos, nos acariciaba. Un porfiado tintineo de cencerros, de rumores indefinidos, de aperos encubiertos en el tiempo y colgados de las paredes de un establo, resonaban como voces misteriosas nacidas de la soledad para impedirnos olvidar que algo transcurría. Los suspiros del silencio… Nuestro silencio, que se dejaba impregnar por una tonalidad rojiza anunciada por el crepúsculo. La cabeza del abuelo, caída a un lado, le daba un aspecto de indiferencia, como cuando alguien se encoge de hombros para seguir viviendo. Los trazos, según la claridad desaparecía, se enredaban unos con otros, y una provocativa calma, obstinada y melosa, que provenía del aleteo de las ramas de los árboles nos hacía capitular poco a poco; y en el rellano de mis labios una media sonrisa confiada… Mi abuelo solía decir que, cuando el otoño llegaba a su casita del campo, daba la sensación de que uno estaba protegido.”

(“Como cuando alguien se encoge de hombros para seguir viviendo”… bella comparación y tannnn real…)

****

Me despido ya,  con una cancioncilla en honor de la coordinadora del Club de Lectura, por haberlo hecho tan bien ayer, pero sobre todo por ser quien es. Muaksss.

http://www.youtube.com/watch?v=7hYsVT7Tpls

Que os portéis bien. Que seáis felices. Que no os olvideís de sonreír.

Besos mil, Valeria.

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Autor: valeriatittarelli

Redactora freelance, community manager y bloguera. Investigación y generación de contenidos para redes sociales y blogs. Artículos, notas, reportajes.

7 pensamientos en “Televisiva

  1. Oh, pásalo genial por Lisboa. Y estoy deseando ver el programa 😉 Besotes.

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  2. Yo también lo estoy deseando, preciosa!!

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  3. Valeria!! Gracias! Qué bonita es la canción, todo hay que decirlo y qué nombre más bonito también… Gracias por decirme todo eso. Bueno, fue gracioso, divertido, pero nada más, me gustó más que la gente se apuntara al club, que haya habido búsquedas en google, que se conozca…
    Diviértete muchísimo, me das una envidia que imaginas perfectamente, jajaja.

    Por cierto, bien elegido el poema de Pessoa, madre de dios.

    Gracias, cariño. (Lo hiciste muy bien, una profesional de las cámaras, me acordé de aquel febrero en que nos estrenábamos las dos en De mes en cuando, lo nerviosa que estabas, te temblaba el alma, y yo disimulando con tu rosa en la mano, diciéndote lo que te dije ayer por la tarde antes del programa y temblando exactamente lo mismo que tú).

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  4. Buenos Días,

    Momento de descanso en el ejercicio diario de construir puentes entre la realidad y la ficción. Estoy en las primeras páginas de lectura de la novela de Verdon que anuncias como la “elegida”. Sabrás ya que, publicada en febrero, fue escogida por los lectores como la mejor novela negra de 2010. No te diré qué novela quedó segunda, proque seguro que ya lo sabes, pero compartimos lectura, así que pensaré en vosotros mientras leo.

    Un beso grande,
    Eduard

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  5. Carmencita, ¿toda una prefesional de las cámaras? Jajajjaa. Sí, aquella rosa, aquellos nervios momentos antes de tu estreno como presentadora en el Anaïs y de la lectura de ese par de relatos ya olvidados… momentos memorables. De hecho, la rosa aún sigue en casa :).

    Querido Eduard, qué alegría verte por aquí. Ya sabes, cuando cuelgue la entrada con la próxima reunión del club, nos dejas tus comentarios al respeto (pero no antes, jajajja). Un fuerte abrazo, campeón.

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  6. Buen viaje hada madrina y que Lisboa se impregne de tu oxígeno vital y tú del suyo, de sus calles y palabras.
    Eduard, amigo, me alegran tus éxitos y me pone contento saber que sigues creando sensaciones, tramas y subtramas con la palabra y la imaginación, saludos, besos y abrazos, Julián Sánchez Caramazana

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  7. Más besos, barbitas. Sí, me empaparé de Lisboa y su aurea trasnochada!! 🙂

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