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Mi diario de a bordo


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Manifiesto de apoyo – Leído en Ideal.es

El catedrático de la Universidad de Granada, Luis García Montero, ha sido condenado por injurias graves a un profesor de su mismo departamento que viene sosteniendo, desde hace años, que Lorca era un fascista asesinado por los suyos y que Ayala fue valedor del fascismo. El condenado, ha decidido no recurrir la sentencia y abandonar de manera definitiva su docencia en la Universidad de Granada.
Luis García Montero, dijo que la Universidad de Granada tenía un problema, el de ese profesor disparatado que somete a sus alumnos a un adoctrinamiento insensato. Ahora, la Universidad de Granada tiene dos problemas: ese presunto profesor, cuenta con un incomprensible refrendo judicial para seguir propalando sus felonías, mientras la Universidad pierde a uno de sus mejores profesores. Enhorabuena.
Todos nosotros, profesores, alumnos y ciudadanos, nos sentimos condenados por esa misma sentencia y queremos hacer público nuestro refrendo a la fecunda trayectoria del catedrático Luis García Montero, al valor de su magisterio y a su contrastada defensa de la dignidad de las personas y las instituciones libres. Perdemos a alguien muy valioso y nos quedamos con lo que hay. Y no sabemos callarnos.
Benjamín Prado, Miguel Ángel Aguilar, Miguel Ríos, Mariano Maresca, Juan Vida, Caballero Bonald y Joaquín Sabina
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Leído en… www.premiosliterarios.com

 

a voz de lanzarote, 7 de mayo de 2008

Yo pensaba que plagio era copiarla y lo que yo hice fue mejorarla”

Francisco Javier Álvaro recibió el primer premio de “Los Novios del Mojón”, pero después se lo retiraron porque la carta resultó ser un plagio de un texto publicado en internet por un catedrático

POR Laura Fernández Palomo

En cuestión de horas Francisco Javier Álvaro Ocariz pasó del reconocimiento al abucheo. De ser el ganador del Certamen Internacional de Cartas de Amor y Desamor, Los Novios del Mojón, a ser el plagiador. Administrativo de 43 años, nacido en San Sebastián, aunque asegura que suele presentarse a menudo a certámenes literarios, perjura que no sabía que tomar la idea original de un texto y reproducir “algunos párrafos” era “un plagio”. Dice que actuó de “buena fe” porque sólo pretendió “mejorar” la carta, que tenía “algunos fallos de redacción”. Pero ahora ha escarmentado y promete que no volverá a hacer algo así. Ya adelanta que el próximo año va a volver a participar en el concurso de Teguise, aunque no sabe si le van a dejar. Eso sí, presentará una epístola de su cosecha.

¿Cómo reaccionó cuando recibió la llamada del Ayuntamiento de Teguise para decirle que le retiraban el primer premio porque había plagiado?

Yo vi esa carta hace tiempo. Me gustó la idea y lo que intenté fue mejorar la carta porque vi que tenía algunos fallos de redacción y lo que hice también fue ampliarla. Hay algunos párrafos que son parecidos pero también hay cosas que he puesto yo y que no venían en la otra carta.

¿Entonces no tuvo intención de engañar y colar una carta que no era suya?

No. Yo la encontré por casualidad. Y lo que hice fue mejorar, a mi juicio, para dejarla perfecta. Yo no pensaba que eso era un plagio.

¿Le sorprendió por tanto que le acusaran de plagio?

Sí, claro me sorprendió un poco, porque no pensaba que fuese así. Porque plagio, plagio es copiarla entera, ¿no? Algunos párrafos son parecidos pero tampoco son iguales. Es un poco dudoso para mí, pero bueno, han optado por tomar esa determinación (retirarle el premio) y no tengo nada que reprochar.

Pero no cambió ni el título

Por eso no lo cambié. Porque para mí lo más cómodo habría sido cambiarlo, si lo hubiera hecho, igual no habría pasado nada. No creía que estaba cometiendo un delito. Pero la carta estaba ahí, no estaba premiada ni publicada, ni nada. Es como si yo escribo cualquier cosa y la dejo ahí. También es un poco tentador. Si yo veo una carta que está premiada o publicada no se me ocurre copiar nada.

Pero la idea también es propiedad de su autor

Ya, bueno. Otra vez no se me va a ocurrir. Yo lo hice de buena fe. Pues igual pequé de inocencia o de ingenuidad. A partir de ahora no lo volveré a hacer.

¿Se había presentado anteriormente con textos de otros autores?

Me presento a bastantes concursos y nunca he copiado nada de otras cartas. De hecho al concurso de Cartas de Amor, mandé otras cartas inéditas mías. He ganado por ejemplo un concurso en Sevilla de relato corto, totalmente inédito. “Sabores agridulces”. También sé de gente que con la misma carta ha ganado en varios sitios, y a mí eso sí que me parece grave. Más que lo que he hecho yo. Moralmente, éticamente no me parece normal, yo no lo he hecho nunca. Me parece un cachondeo.

¿Cree ahora que no confiarán en la originalidad de sus textos?

Hombre, pues igual sí. No sé qué repercusión tendrá esto porque he visto mi nombre en Internet en páginas de concursos y no sé qué puede pasar. La gente igual se olvida. Como mi nombre es bastante corriente.

¿Y volverá a presentarse a Los Novios del Mojón?

Pues seguramente me presentaré aunque si sale premiada supongo que no me darán ningún premio. Yo voy a mandar por si acaso. Pero aunque quede entre las tres primeras no sé cómo actuarán. Tengo mis dudas.


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A ver qué opináis

 (Regalado por Carmen, alias florecilla silvestre)

PATENTE DE CORSO

Haciendo nuevas amigas

 

ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 24 de Febrero de 2008


La ventaja de vivir en España es que a veces me dan hecha esta página, o casi. Hoy se la brindo a la Plataforma Andaluza de Apoyo al Lobby Europeo de Mujeres, a cuya presidenta, Rafaela Pastor, debo el asunto. Diré de paso que escribo presidenta porque está impuesto por el uso –por eso figura en los diccionarios– y también por ese agradecimiento del que antes hablaba; en realidad presidenta es a presidente lo que amanta es a amante; y que yo recuerde ahora, sólo parturienta es de verdad parturienta y no parturiente, pues las únicas que paren son las hembras, mientras que amante, contribuyente, paciente o presidente, por ejemplo, son palabras de género neutro –aquí sí es correcto decir género y no sexo, pues hablamos de palabras, no de personas–. Pero bueno. Igual todo esto es muy complicado para doña Rafaela. Así que para no darle quebraderos de cabeza, iré al grano. Y el grano es que la antedicha, en nombre de la plataforma que preside, exigió hace unos días que la Real Academia Española incluya en el diccionario las palabras miembra y jóvena, con este singular argumento de autoridad: «Si tenemos que destrozar el lenguaje para que haya espacios de igualdad, se deberá hacer». Y además, dos huevos duros.

Pero lo más bonito del aquí estoy de doña Rafaela se refiere al latín, al que acusa de originar buena parte de los males que afligen a las mujeres en España. El latín es machista y culpable, sostiene apuntando con índice acusador. El español actual viene, según ella, de una lengua forjada en una época «en que las mujeres eran tratadas como esclavas y eran los hombres los que decidían y concentraban todo el poder». Sobre el árabe –que también tuvo algo que ver en nuestra parla– doña Rafaela no se pronuncia: sería racismo intolerable en boca de una feminata andalusí. Es sólo la lengua de Virgilio y de Cicerón la que, a su juicio, «nos supone un lastre, ya que validamos nuestra sociedad mirando siempre al pasado». Lo curioso es que, a continuación, la señora –dicho sea lo de señora sin animus iniuriandi– admite que ni sabe latín ni maldita la falta que le hace. Sobre la historia de Roma, de quiénes eran esclavos y quiénes no lo eran, tampoco parece saber más que de español o de latín; pero en política, como en Internet, cualquier indocumentado afirma cualquier cosa, y no pasa nada. Es lo bueno que tienen estos ambientes promiscuos. Cuantos más somos, más nos reímos.

Lo más estupendo y moderno es la conclusión de doña Rafaela: hace falta una represión «a través de inspecciones sancionadoras» de quienes no ajusten su lenguaje a la cosa paritaria, a las leyes de igualdad estatal y andaluza, y a ese prodigio de inteligencia y finura lingüística que es el Estatuto de Andalucía. En cuyo contenido político, por cierto, no me meto; pero cuya pintoresca redacción, que incurre en los extremos más ridículos, debería avergonzar a todos los andaluces –y andaluzas– con sentido común. O sea: para que España sea menos machista, cada vez que yo me siento a teclear esta página, por ejemplo, debería tener a un inspector de lenguaje sexista sentado en la chepa, dándome sonoras collejas cada vez que escriba señora juez en vez de señora jueza –que la RAE incluya algo en el diccionario no significa que sea lo más correcto o recomendable, sino sólo que también se usa en la calle–; o me haga pagar una multa si no escribo novelas paritariamente correctas: un guapo y una guapa, un malo y una mala, un homosexual y una lesbiana, una parturienta y un parturiento.

Y sobre todo, el latín. Ahí está, sí, la fuente de todos los males, a juicio de doña Rafaela y su hueste. Tolerancia cero, oigan. Incluso menos que cero. Ni un elogio más a esa lengua que, incluso muerta, sigue haciendo tanto daño. Porque cada vez que a una mujer la despiden del trabajo en Manila por estar embarazada, la culpa es del latín. Cada vez que una mujer taxista le grita a otra conductora –lo presencié en Madrid– «¡Mujer tenías que ser!», la culpa es del latín. Cada vez que hay una ablación de clítoris en Mogadiscio, la culpa es del latín. Cada vez que un hijo de puta acosa o viola a su empleada en San Petersburgo, la culpa es del latín. Cada vez que un capullo meapilas se arrodilla ante una clínica de Londres con los brazos en cruz para protestar contra el aborto, la culpa es del latín. Cada vez que un marido llega a casa borracho, en Yakarta, y golpea a su mujer, la culpa es del latín. Cada vez que una mujer le pega una paliza en Vigo a la mujer que es su pareja, la culpa es del latín. Si los académicos no hubieran estudiado latín, la Real Academia Española estaría llena de miembras, y el diccionario lleno de jóvenas. Y a las imbéciles, con mucha propiedad, las llamaríamos imbécilas.


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El Público Lee y Página 2

Por un lado, me alegro de que haya dos espacios informativos sobre libros en la televisión. Vale que se emitan el mismo día (en domingo) y con una hora de diferencia. Pero ¿es necesario que coincidan los mismos autores? Ocurrió el pasado 13 de enero, cuando ambos programas tenían como autor invitado a José Antonio Marina (hablando de su libro La Arquitectura del deseo), y hoy 3 de febrero, de nuevo. En esta ocasión ha sido Ignacio Martínez Pisón y su libro Dientes de leche, publicado en Seix Barral. ¿Es que no hay en España suficientes escritores como para no coincidir? De acuerdo de que tienen que hablar de novedades editoriales, pero vamos, que el panorama literario es bastante amplio como para que diferencien un poquito. Dicho queda.